BRICS: aumenta la ambición, pero no la rendición de cuentas
La Cumbre de los BRICS en la India reunió a 11 países que representan el 49% de la población mundial y el 28% de la economía global. La mayoría de ellos restringe gravemente el espacio cívico. Esto deja poco margen para que la sociedad civil exija al bloque que rinda cuentas ante las personas a las que dice representar. Los líderes del bloque están profundamente divididos por las guerras en Irán y Ucrania y por la respuesta a los aranceles de Estados Unidos. La declaración conjunta que emitieron mencionó lo menos posible estos temas e ignoró las demandas de la sociedad civil surgidas de la Cumbre Popular de los BRICS. El caso de los BRICS demuestra que no hay razones para esperar que las nuevas iniciativas multilaterales surgidas en respuesta al poder de Estados Unidos democraticen el sistema internacional.
Sentar a cuatro rivales a la misma mesa fue, de por sí, una hazaña diplomática. En la 18.ª Cumbre de los BRICS, celebrada el 12 y 13 de septiembre en Nueva Delhi, el primer ministro de la India, Narendra Modi, reunió al presidente de China, Xi Jinping; al de Rusia, Vladimir Putin; al de Irán, Masoud Pezeshkian, y al príncipe heredero de Abu Dabi, el jeque Khaled. China y la India son rivales de larga data con un historial de conflictos fronterizos, mientras que Irán y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) están en bandos opuestos en la guerra actual y se bombardearon mutuamente. Sin ir más lejos, en mayo, los BRICS todavía no habían logrado acordar una declaración conjunta. El mero hecho de que la cumbre se llevara a cabo y concluyera con un texto que todos los miembros pudieron firmar fue un modesto éxito del multilateralismo.
La cumbre se celebró en un escenario internacional en plena transformación. Hoy está claro que el gobierno de Estados Unidos es un socio internacional poco confiable y, a menudo, una potencia hostil que busca someter a otros por intimidación. Por eso, numerosos países buscan nuevas alianzas como contrapeso, y esto les da a los BRICS más motivos para cooperar. La India, por ejemplo, tiene nuevos incentivos para construir una relación más positiva con China ahora que su estrecho vínculo con Estados Unidos está a prueba. Ante este panorama, los BRICS podrían convertirse en un foro de mayor peso.
Los BRICS representan el 49% de la población mundial. El bloque se presenta como la voz del Sur global, con el objetivo declarado de reequilibrar un sistema internacional en el que los países del Norte global tienen demasiado poder. Pero lo que ofrece es una versión profundamente anticuada y estadocéntrica del multilateralismo, en la que la ciudadanía tiene poca voz.
Veinte años de crecimiento
En 2001, el economista de Goldman Sachs Jim O’Neill acuñó el nombre del bloque, que al principio era BRIC. Con él designó a Brasil, China, la India y Rusia, las cuatro economías emergentes que, según su pronóstico, transformarían colectivamente la economía mundial. Los cuatro países formaron el grupo en 2006, celebraron su primera cumbre en 2009 y pasaron a denominarse BRICS al año siguiente, cuando admitieron a Sudáfrica.
El bloque creó su Nuevo Banco de Desarrollo en 2014. La entidad está abierta a países no miembros y busca ofrecer una alternativa al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, que reflejan los intereses de los países poderosos del Norte global. Con el mismo argumento, los BRICS también impulsaron la reforma de la Organización Mundial del Comercio.
El grupo se amplió en 2023, cuando invitó a sumarse a siete países más: Arabia Saudita, Argentina, EAU, Egipto, Etiopía, Indonesia e Irán. Argentina, sin embargo, rechazó la invitación bajo el gobierno de Javier Milei, dirigente de extrema derecha y aliado de Trump. El bloque tiene hoy 11 miembros de pleno derecho y una red creciente de países socios que incluye a Bielorrusia, Bolivia, Cuba y Malasia.
Como resultado de su ampliación, los BRICS representan hoy el 28% de la economía mundial y cerca de una cuarta parte del comercio internacional. El Nuevo Banco de Desarrollo ha aprobado miles de millones de dólares en financiamiento para el desarrollo de países del Sur global históricamente marginados por las instituciones financieras.
Una declaración vacía
Sin embargo, cuando la cooperación es política y no económica, las contradicciones no tardan en salir a la luz.
Xi pidió que las reglas internacionales fueran “escritas por todos los países”, aunque lidera un sistema de partido único en el que, cada vez más, solo las escribe él. Putin reclama una mayor representación de África, Asia y América Latina en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero usa con frecuencia su poder de veto para impedir que el Consejo actúe, incluso ante su guerra contra Ucrania.
Lo más elocuente de la Declaración de Nueva Delhi son sus silencios. El texto es explícito sobre Palestina: insta a Israel a poner fin a su guerra contra Gaza, se opone al desplazamiento forzado, apoya a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos y respalda un Estado palestino basado en las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como capital. En cambio, sobre la guerra en Irán solo pide “la máxima moderación” y condena los ataques contra “infraestructura civil” e “instalaciones nucleares pacíficas”, sin nombrar a Irán, Israel ni Estados Unidos. Con Arabia Saudita, los EAU e Irán sentados a la misma mesa, no podía ir más lejos.
Mientras tanto, la invasión de Rusia a Ucrania brilla por su ausencia en el texto. Esto representa un retroceso respecto de la Declaración de Río de Janeiro de 2025, que aludía a “propuestas pertinentes de mediación y buenos oficios” y expresaba la esperanza de que “los esfuerzos actuales conduzcan a un acuerdo de paz sostenible”, y respecto de la Declaración de Kazán de 2024, que nombraba el conflicto de manera directa. En conversaciones bilaterales, Modi instó a Putin a poner fin a la guerra, pero la omisión de ésta en el documento es una señal preocupante de que Putin no prevé un fin inmediato de los combates. El texto se limita a generalidades sobre la resolución pacífica de los conflictos, que en Ucrania sonarán especialmente vacías.
La declaración también condena el “aumento indiscriminado de aranceles” y las “sanciones unilaterales” sin nombrar a Estados Unidos. Esto refleja la renuencia de miembros como la India, que, según se informa, está ultimando un acuerdo comercial con ese país, a exponerse a la ira de Donald Trump. El documento sostiene un frágil consenso mediante el uso de un lenguaje cuidadosamente calibrado que a menudo dice muy poco. A diferencia de lo que ocurre con la economía, los BRICS todavía tienen dificultades para alcanzar consensos políticos y tienden a afirmar principios generales que no llegan a traducirse en acción colectiva.
Espacio cívico cerrado, desafío abierto
Los BRICS dicen querer democratizar el orden internacional, pero a lo que se refieren con ello es a redistribuir el poder entre presidentes, no entre poblaciones. El espacio cívico es cerrado en siete de los 11 países del bloque y obstruido o represivo en el resto, lo que implica que la gente tiene poca influencia sobre las decisiones que se toman en su nombre.
Rusia censura y encarcela sistemáticamente a las voces opositoras, empujándolas al exilio. Ha cerrado medios de comunicación independientes y vuelto casi imposible la protesta, con restricciones que se intensifican a medida que la guerra se prolonga. China somete a su población a vigilancia masiva y reprime todo acto de expresión política y cultural que no se ajuste a la línea del partido gobernante. Irán reprimió violentamente los movimientos de protesta, incluso aplicando la pena de muerte. Arabia Saudita y los EAU no reconocen ningún papel legítimo a la sociedad civil independiente. Etiopía todavía no ha rendido cuentas por las amplias violaciones de derechos humanos cometidas durante su guerra civil y ha trabajado activamente para impedir el escrutinio de la ONU.
En la India, que ahora se posiciona como potencia mediadora dentro de los BRICS, Modi ataca cada vez más el espacio cívico. La libertad de prensa retrocedió, las leyes se instrumentalizaron para restringir el financiamiento de la sociedad civil y las minorías religiosas enfrentan una hostilidad creciente.
La represión del espacio cívico dentro de cada país se traduce en la exclusión de las voces de la sociedad civil en el plano internacional. Tras 18 cumbres, los BRICS siguen sin tener un tratado constitutivo, criterios de membresía, secretaría permanente, presupuesto común ni mecanismo alguno para que la sociedad civil exija que sus miembros rindan cuentas. Esta falta de estructura y de rendición de cuentas no es casual, ya que permite a presidentes poderosos imponer libremente sus intereses.
Como resultado, la sociedad civil tiene menos influencia en los BRICS que en otros bloques similares como el G20, y mucho menos que en los procesos de la ONU. Esto es así a pesar de que algunos miembros del bloque, en particular China, trabajan para excluirla de esos procesos y toman represalias contra quienes participan en ellos. Aun así, la sociedad civil se movilizó en torno a la reunión de Nueva Delhi. Tres semanas antes de la cumbre oficial, más de 200 delegados de organizaciones de agricultores, movimientos populares, sindicatos, organizaciones de mujeres y otros grupos de la sociedad civil se reunieron en la ciudad para la Cumbre Popular de los BRICS.
La resolución de la Cumbre Popular denunció que los países del bloque reproducen modelos de desarrollo extractivistas e inequitativos. También señaló que la cooperación entre los países del Sur global no debería juzgarse por la libertad que otorga a los Estados y al capital, sino por la dignidad y los derechos que brinda a las personas y comunidades de todo el Sur global.
El encuentro exigió compromisos tangibles para reducir la desigualdad y reestructurar la deuda. Reclamó una transición energética democrática y sujeta a rendición de cuentas pública, derechos digitales y gobernanza democrática de los datos, soberanía alimentaria, seguridad social universal y representación política de las mujeres. Exigió respeto por las obligaciones internacionales de derechos humanos, incluido el fin de la persecución de activistas y organizaciones de la sociedad civil. La sociedad civil también instó a los BRICS a adoptar una posición clara contra la intervención militar, la ocupación y el genocidio. Los países miembros de los BRICS decidieron hacer oídos sordos a sus peticiones.
Ambición sin rendición de cuentas
Los BRICS están ganando protagonismo en medio de una búsqueda más amplia de nuevas alianzas internacionales que ya no se centren en Estados Unidos. La tendencia incluye los esfuerzos de la Unión Europea por estrechar lazos con Canadá, las gestiones de Canadá para reunir a potencias medias en la iniciativa Socios por el Multilateralismo y los intentos de aumentar la cooperación europea en defensa, en un momento en que la promesa de defensa colectiva de la OTAN ya no está garantizada.
El objetivo de los BRICS, tal como se refleja en la Declaración de Nueva Delhi, es reconfigurar los mecanismos financieros internacionales. Para ello buscan, entre otras cosas, mayor autonomía mediante sistemas de pago alternativos que no dependan del dólar estadounidense. Esto erosionaría la capacidad única de Estados Unidos de sostener su poder global, pese a su enorme deuda, imprimiendo dólares para satisfacer una demanda incesante. Pero también permitiría a Estados represivos como Irán y Rusia vender su petróleo y su gas con más facilidad, financiando así su represión interna y debilitando el efecto de las sanciones internacionales.
Ninguna de estas ambiciones viene acompañada de un compromiso con la rendición de cuentas. No existe ningún canal para que las comunidades más afectadas por las decisiones del bloque hagan oír su voz, ni se fijan condiciones en materia de derechos humanos.
Mientras que los líderes de los BRICS miden el éxito en términos de influencia geopolítica, la sociedad civil, tal como lo hizo en la Cumbre Popular de los BRICS, los insta a poner en el centro a las personas, y no a los Estados, valorando la dignidad, la libertad, los derechos humanos y la paz. Hasta ahora, los líderes de los BRICS no han mostrado ninguna disposición a regirse por tales estándares.
NUESTROS LLAMADOS A LA ACCIÓN
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Los BRICS deben adoptar criterios de derechos humanos para la membresía y abrir canales formales para que la sociedad civil contribuya a definir su agenda.
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Las nuevas iniciativas multilaterales deben asegurarse de consultar a una amplia gama de actores de la sociedad civil y de rendirles cuentas.
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La sociedad civil debe seguir organizándose de manera independiente de los BRICS, documentando las violaciones de derechos humanos de sus miembros y exigiendo que rindan cuentas.
Para entrevistas o más información, por favor contáctenos en research@civicus.org.
Foto de portada de Arun Sankar/AFP


