Tensiones internacionales alimentan una nueva amenaza nuclear
La 62.ª Conferencia de Seguridad de Múnich reveló la magnitud de la ruptura del orden internacional. En vísperas de la conferencia, Estados Unidos se retiró de 66 organismos y compromisos internacionales y dejó expirar al último tratado de control de armas nucleares. El canciller alemán Merz anunció conversaciones para que Francia amplíe su paraguas nuclear a Europa, una idea hasta hace poco impensable. Fuera de la conferencia, 200.000 personas exigieron rendición de cuentas por la masacre de manifestantes en Irán, una crisis que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no pudo abordar a causa del veto de China y Rusia. La conferencia reveló la magnitud de la ruptura en curso sin ofrecer ninguna esperanza de una forma más democrática e inclusiva de multilateralismo.
Cuando el canciller alemán Friedrich Merz inauguró la 62.ª Conferencia de Seguridad de Múnich declarando que el orden basado en normas de la posguerra “ya no existe”, numerosas pruebas respaldaron su afirmación. Israel está cometiendo un genocidio en Gaza, en abierto desafío del derecho internacional. Rusia, un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lleva cuatro años invadiendo un Estado vecino. El último tratado de control de armas nucleares entre Rusia y Estados Unidos expiró días antes del inicio de la conferencia. Estados Unidos acababa de retirarse de 66 organismos y compromisos internacionales, entre ellos el Fondo de las Naciones Unidas (ONU) para la Democracia, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y ONU Mujeres. La ONU está atravesando una crisis de financiación, lo que la ha llevado a recortar personal y programas. Muchas organizaciones de la sociedad civil que dependían de la financiación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional se han visto obligadas a cerrar. La arquitectura global construida después de 1945, que incluye la prohibición de las conquistas territoriales –inscripta en la Carta de las Naciones Unidas, el acuerdo de seguridad colectiva de la OTAN y el marco de control de armas nucleares–, ya no funciona como estaba previsto.
Inaugurada en 1963 como una reunión transatlántica sobre temas de defensa, la Conferencia de Seguridad de Múnich se ha convertido en la reunión anual más importante sobre seguridad mundial, en la que participan jefes de Estado, ministros de Asuntos Exteriores, organizaciones de la sociedad civil, grupos de expertos y medios de comunicación. La edición de 2026 se centró en el tema “Bajo destrucción” y reunió a más de 1.000 participantes de más de 115 países, entre ellos más de 60 líderes nacionales, además del ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, y el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, y los directores de múltiples agencias de la ONU.
El Informe de Seguridad de Múnich 2026 proporcionó el contexto analítico de la conferencia. Según el informe, el mundo entró en una etapa de “política de demolición”, en la que el orden establecido después de 1945, construido a lo largo de ocho décadas, está siendo destruido por fuerzas políticas que prefieren la disrupción a la reforma, antes de que puedan construirse alternativas. El Índice de Seguridad de Múnich del informe demostró la magnitud de la crisis. En Alemania, Francia y el Reino Unido, la mayoría absoluta de los encuestados afirmaron que las políticas de su gobierno empeorarían la situación de las generaciones futuras. En la mayoría de los países del BRICS y del G7, Estados Unidos se considera ahora un riesgo creciente.
Una relación dañada
El mundo esperaba con aprensión el discurso de apertura de Rubio. El año pasado, el agresivo discurso del vicepresidente estadounidense JD Vance acusó a los gobiernos europeos de suprimir la libertad de expresión y alinearse con el extremismo político, sin parecer darse cuenta de la ironía. Rubio adoptó un tono más conciliador y calificó a Europa de “queridos aliados y amigos más antiguos” de Estados Unidos. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó sentirse “muy aliviada”. La mitad de la sala se levantó para aplaudir.
Sin embargo, el contenido del discurso siguió todas las posturas que Vance había defendido el año anterior. Rubio definió la relación transatlántica no en torno a las instituciones democráticas compartidas o al derecho internacional, sino en torno a “la fe cristiana, la cultura, el patrimonio, el idioma y la ascendencia”. Este planteamiento provocó la ira de los delegados del Sur global, que vieron en él una afirmación explícita de la superioridad cultural y racial del Norte global, excluyendo a la mayoría de la humanidad.
Rubio calificó a la ONU como una organización “sin respuestas” que prácticamente no había desempeñado ningún papel en Gaza o Ucrania, ignorando su aportación vital de alimentos, agua, refugio y atención médica de emergencia en circunstancias muy difíciles. Describió la migración como una amenaza urgente y descartó la acción climática como impulsada por una “secta”.
El gobierno de Trump estaba haciendo un cálculo estratégico, al haber llegado claramente a la conclusión de que el tono confrontativo de Vance había resultado contraproducente, ya que había acercado a Europa a China y aumentado su reticencia a respaldar las iniciativas lideradas por Estados Unidos. Por lo tanto, optó por un mensajero más suave sin cambiar el mensaje.
El itinerario de Rubio tras la conferencia dejó claras las prioridades actuales de Estados Unidos. Voló directamente de Múnich a Budapest y Bratislava para reunirse con dos líderes nacionalistas, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el primer ministro eslovaco, Robert Fico. Ambos son aliados de Trump y amigos de Vladimir Putin. Estos son los políticos europeos que el gobierno de Trump considera sus verdaderos aliados. Ahora Estados Unidos planea financiar centros de pensamiento y organizaciones benéficas de derechas en toda Europa, en un intento descarado de influir en la política del continente.
El rearme de Europa
El diagnóstico de Merz condujo a una medida histórica: él y el presidente francés Emmanuel Macron anunciaron que habían iniciado conversaciones para ampliar el paraguas nuclear de Francia a otros países europeos. Se trata de un avance que habría sido difícil de imaginar hace solo un año. Durante décadas, los países europeos han basado sus políticas de seguridad en la OTAN y su artículo 5, el compromiso de defensa colectiva.
Pero el gobierno de Trump ha amenazado con no respetar el artículo 5 y ha usado esta amenaza para obligar a los Estados europeos a gastar más en defensa. Los Estados europeos han emprendido un largo y costoso proceso para dejar de depender del artículo 5, un proceso que ahora incluye la exploración de alternativas nucleares.
Von der Leyen describió la medida como un “despertar europeo” y pidió que se pusiera en práctica una “cláusula de defensa mutua”. El primer ministro británico, Keir Starmer, pidió “poder duro” y disposición para luchar si fuera necesario. El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, afirmó que su país debería dotarse de armas nucleares. Al responder de esta manera al desmoronamiento del orden multilateral, Europa está debilitando aún más las normas de no proliferación y control de armas que el orden de posguerra trató de mantener. Responder a la crisis con una segunda carrera armamentística nuclear podría traer aún más inestabilidad. El único líder europeo que advirtió sobre esto en la conferencia fue el primer ministro español, Pedro Sánchez.
Al saltarse una sesión sobre Ucrania con los líderes europeos, Rubio también dejó claro que Estados Unidos no está tomando en serio a Ucrania, lo que solo puede ser una buena noticia para Putin. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, aprovechó la cumbre para rechazar una vez más la insistencia de Rusia de que su país ceda gran parte de su territorio a cambio del fin de los combates, y estableció tres exigencias no negociables: defensas antimisiles estadounidenses, garantías de seguridad durante un mínimo de 20 años y una fecha clara para la adhesión a la Unión Europea (UE). A pesar de las recientes rondas de conversaciones en Abu Dabi y Ginebra, no parece que el acuerdo de paz esté más cerca.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que las ambiciones de Estados Unidos sobre Groenlandia no habían desaparecido, a pesar del compromiso alcanzado en el Foro Económico Mundial. Tanto en el caso de Groenlandia como en el de Ucrania, es evidente que muchos Estados europeos ya no consideran que pueden confiar en Estados Unidos.
Fuera de la conferencia
Otra crisis actual dominó las calles fuera del recinto. En la última tarde de la reunión, más de 200.000 personas se manifestaron en Múnich para exigir un cambio en Irán. El contexto era el mayor levantamiento en Irán desde la revolución de 1979. Provocadas por el colapso económico, las protestas masivas comenzaron en diciembre de 2025, antes de ser reprimidas con una brutalidad extraordinaria. Mientras los líderes mundiales debatían en Múnich la estructura de la seguridad global, los jueces del Tribunal Revolucionario de Irán condenaban sumariamente a muerte a manifestantes.
La manifestación reveló la complejidad del debate sobre el futuro de Irán. Reza Pahlavi, hijo exiliado del Shah derrocado en la revolución de 1979, tomó la palabra para elogiar a la administración estadounidense por desplegar un segundo grupo de portaaviones en la región, y pidió una intervención. Se ondearon banderas israelíes junto a las monárquicas iraníes. La diáspora está dividida entre grupos con visiones muy diferentes, y la comunidad promonárquica, aunque particularmente visible, es solo uno de ellos.
Lo que sí está claro es que el régimen teocrático de Irán espera salirse con la suya tras una masacre, mientras que el sistema internacional ofrece una respuesta insuficiente. Los organizadores de la conferencia habían invitado a funcionarios del gobierno iraní, pero luego les retiraron la invitación. El 29 de enero, la UE sancionó a 15 funcionarios iraníes y seis organismos gubernamentales. El Reino Unido anunció nuevas sanciones dirigidas a los sectores energético, financiero y de transporte de Irán. En una sesión de emergencia celebrada el 23 de enero, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU amplió el mandato de su Misión de Investigación y le confió la tarea de preservar las pruebas forenses de las graves violaciones de los derechos humanos. Y el 19 de febrero, la UE designó como organización terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la fuerza que lidera la represión, y congeló todos sus activos en Estados miembros de la UE.
Se trataba de medidas importantes, pero insuficientes. En lo que constituye un fallo habitual del sistema internacional, se han bloqueado sistemáticamente nuevas medidas. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la única institución de la ONU con autoridad para emitir decisiones jurídicamente vinculantes y hacerlas cumplir mediante medidas que incluyen la fuerza armada, no pudo aprobar ninguna resolución, ya que China y Rusia ejercieron su derecho de veto. Una vez más, los Estados poderosos dejaron claro que no se puede confiar en ellos para proteger los derechos y la vida de las personas.
Qué significa esto
La conclusión de la conferencia fue que quienes se preocupan por el orden internacional deben crear nuevas instituciones, coaliciones y marcos que sean eficaces y que rindan cuentas a las personas a las que se supone que deben servir. Este planteamiento razonable elude cuestiones cruciales: a qué intereses sirven las instituciones y quiénes quedan excluidos a la hora de diseñarlas.
La reacción de los Estados europeos ante el desgaste de sus antiguas alianzas con los Estados Unidos debe basarse en los derechos humanos, el multilateralismo genuino y el compromiso con el derecho internacional. Esto solo ocurrirá si la sociedad civil está presente como socia en la mesa de negociaciones, y no solo en las calles. La redefinición de Rubio de la solidaridad transatlántica en torno a una identidad cristiana blanca tiene todo tipo de repercusiones preocupantes para la democracia, los derechos humanos y las relaciones internacionales. Sus ataques a la acción climática van en contra de los compromisos políticos de muchos Estados europeos y amenazan con agravar el sufrimiento humano causado por el cambio climático. Los Estados europeos deben resistir esta postura, sin dejarse influir por el tono más tranquilizador del discurso de Rubio.
El derecho del pueblo ucraniano a decidir su propio futuro no debe sacrificarse en un acuerdo alcanzado sin su consentimiento. No se debe permitir que Irán quede fuera de la agenda mientras las grandes potencias negocian sus intereses en la región. Las sanciones selectivas de la UE deben ir acompañadas de una presión internacional sostenida para que se lleve a cabo una investigación penal independiente que permita recabar pruebas y contribuir a los esfuerzos para exigir la rendición de cuentas. La misión de la ONU creada con este fin necesita recursos y respaldo político.
Está claro que el antiguo orden se ha quebrado, y quienes defienden los derechos humanos y se oponen a la militarización y a la política del poder descarado no pueden permitirse quedarse al margen. Sus respuestas deben ser más asertivas e inclusivas. Una nueva arquitectura del multilateralismo internacional que siga excluyendo a la sociedad civil y marginando al Sur global no hará más que reproducir las estructuras que han fracasado a la hora de abordar las crisis actuales.
NUESTROS LLAMADOS A LA ACCIÓN
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Los Estados democráticos deben defender los principios de las Naciones Unidas y los derechos humanos universales como fundamentos no negociables del orden internacional, y llenar el vacío institucional y financiero que ha dejado la retirada de Estados Unidos.
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Los Estados deben apoyar los mecanismos impulsados por la sociedad civil para monitorear y habilitar la rendición de cuentas por violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos, y rechazar todo marco de gobernanza que excluya la participación de la sociedad civil.
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Los Estados deben proporcionar pleno apoyo político y financiero a la Misión de Investigación de las Naciones Unidas sobre Irán.
Para entrevistas o más información, póngase en contacto con research@civicus.org
Foto de portada de Michaela Stache/AFP


