GOBERNANZA GLOBAL: “Estados Unidos y sus aliados europeos desafían el sistema global”
CIVICUS analiza las alianzas internacionales entre fuerzas regresivas que están debilitando la democracia con Matías Bianchi, director y fundador de Asuntos del Sur, un centro de pensamiento que promueve la innovación democrática en el sur global, con foco en América Latina.
El orden internacional establecido está experimentando una profunda transformación. Gobiernos, movimientos y redes regresivos están estableciendo alianzas transnacionales que desafían las normas democráticas y los mecanismos multilaterales de protección de los derechos humanos. Este proceso plantea interrogantes urgentes sobre el futuro de la democracia, el rol de los Estados y las estrategias necesarias para defender el espacio cívico en un contexto global cada vez más hostil.
¿Qué significa el concepto de “internacionalismo iliberal”?
El internacionalismo iliberal no es un espacio consolidado, sino un conjunto de redes superpuestas integradas por gobiernos, partidos y organizaciones, así como de vínculos informales, que impulsan agendas que socavan los principios de las democracias liberales.
Lejos del concepto de “eje del mal” que se planteaba hace unos años, según el cual China y Rusia se enfrentaban al Occidente democrático, hoy son potencias como Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos, es decir los que construyeron el orden liberal, los que desafían el sistema multilateral global. Estados Unidos no solo establece redes de coordinación contrarias a los principios liberales, sino que también genera condiciones para que surjan y se fortalezcan liderazgos como los de Jair Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en Argentina. Sin este respaldo, probablemente estos líderes no se habrían atrevido a impulsar agendas tan explícitamente contrarias al orden liberal.
¿Qué factores explican su crecimiento?
Este fenómeno es posible gracias a la falta de un sistema global de sanciones, la debilidad del liderazgo europeo y el apoyo del gran capital financiero y tecnológico, que se ha desligado del contrato democrático.
El poder ya no reside exclusivamente en los Estados. Grandes empresas y actores privados, con recursos comparables a los de muchos países, tienen el músculo financiero para hacer lobby e influir sobre normas y decisiones globales.
Las redes sociales son centrales en este proceso. Un número reducido de empresas controla tanto el contenido como la infraestructura de conectividad, lo que les permite moldear el debate público. Sus redes afectan las opiniones y decisiones de miles de millones de personas en todo el mundo. Por ejemplo, los satélites de Elon Musk en Ucrania pueden dar o cortar el acceso a internet, y TikTok recientemente censuró contenido relacionado con las protestas por el asesinato de un activista en Minnesota, Estados Unidos.
En este entorno digital se libra una batalla cultural que capitaliza frustraciones sociales y amplifica discursos que cuestionan el orden liberal, la ciencia y la política democrática. Como consecuencia, las juventudes –que en otros momentos han sido los principales impulsores de demandas de ampliación de derechos– hoy se inclinan mayormente hacia la extrema derecha, en particular los hombres jóvenes.
¿Cuáles son las implicancias para el multilateralismo, la sociedad civil y la democracia?
El multilateralismo surgido tras la Segunda Guerra Mundial se construyó en gran medida bajo la Pax Americana. Mientras Estados Unidos mantuvo su liderazgo, el sistema funcionó con relativa estabilidad. Pero en el actual escenario multipolar y con un liderazgo estadounidense debilitado, ese esquema pierde cohesión.
Instituciones como el Mercosur, las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA) o la Unión Africana (UA), que incorporaron cláusulas democráticas como parte del orden liberal, hoy tienen menos capacidad política para hacerlas cumplir.
Instituciones regionales que solían servir de contrapeso, como la OEA o la UA, han perdido capacidad o enfrentan el retiro de algunos Estados miembros. Tampoco existen comunidades democráticas fuertes que defiendan las normas liberales. Aunque Brasil, Colombia, España y México han intentado impulsar una alianza para la democracia, esta es aún muy débil e incipiente. El resultado es un sistema más fragmentado y con menos capacidad para frenar retrocesos democráticos.
La sociedad civil enfrenta una tormenta perfecta: menos financiación, menos instrumentos institucionales a los que recurrir y, preocupantemente, menos legitimidad social. Movimientos que antes contaban con respaldo multilateral hoy operan con recursos limitados y en un contexto donde líderes con agendas autocratizantes han sido legitimados por las urnas y se mantienen populares.
Esto obliga a la sociedad civil, que surgió y creció dentro del orden liberal, a replantear sus estrategias: priorizar el impacto de sus iniciativas, fortalecer liderazgos con convicciones claras y construir coaliciones más efectivas.
También es necesario repensar el papel del Estado nación. Muchos Estados enfrentan debilidad fiscal y económica y pérdida de autoridad en sociedades globalizadas y digitalizadas. Si antes las comunidades democráticas se formaban en escuelas y territorios, hoy gran parte de esa socialización ocurre en espacios digitales gestionados por empresas privadas. Esto reduce la capacidad estatal para garantizar derechos y sostener bienes públicos. Necesitamos pensar y diseñar las instituciones que puedan garantizar y financiar los derechos en este nuevo orden global.
¿Qué estrategias podrían frenar esta tendencia?
Esta no es una batalla perdida sino un escenario en disputa. En un momento de deslegitimación institucional y ausencia de liderazgos fuertes, existe una oportunidad para que la sociedad civil contribuya a fortalecer los regímenes democráticos y a revitalizar los espacios multilaterales. Como señaló el primer ministro canadiense Mark Carney en el Foro Económico Mundial, las democracias que aún resisten deben coordinarse y actuar con mayor decisión.
Esto exige mayor articulación entre gobiernos democráticos y un compromiso más claro frente al internacionalismo iliberal. La sociedad civil puede contribuir conectando redes locales y globales, sosteniendo alianzas y aportando creatividad política para impulsar un nuevo acuerdo democrático adaptado al siglo XXI. Esto es parte de lo que intentamos hacer en Asuntos del Sur. Realizamos investigaciones empíricas para detectar los mecanismos y mejores prácticas de resiliencia democrática, fortalecemos capacidades de actores que trabajan por ampliar derechos y creamos comunidades de práctica, con foco específico en juventudes.
Pero ninguna estrategia tendrá éxito si no creamos puentes con quienes piensan distinto. Esto incluye a los descreídos y a los cínicos. Hoy, generar consenso y alianzas es revolucionario y es clave para reconstruir sociedades democráticas inclusivas y plurales.
CIVICUS entrevista a un amplio espectro de activistas, personas expertas y líderes de la sociedad civil para recabar diversas perspectivas sobre la acción de la sociedad civil y otros temas de actualidad, con el fin de publicarlas en su plataforma CIVICUS Lens. Las opiniones expresadas en las entrevistas son de las personas entrevistadas y no necesariamente reflejan las posiciones de CIVICUS. Su publicación no es una expresión de apoyo a los entrevistados ni a las organizaciones que representan.