CIVICUS conversa sobre las perspectivas de una transición democrática en Venezuela con Pedro González Caro, profesor universitario y miembro de la coordinación nacional de Creemos Alianza Ciudadana, una plataforma ciudadana que trabaja por la democracia en Venezuela.

Desde la captura de Nicolás Maduro por el gobierno de Estados Unidos el pasado 3 de enero, Venezuela atraviesa un período de incertidumbre. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, asumió como presidenta interina con el respaldo de Estados Unidos, pero las estructuras represivas del régimen siguen intactas. Aunque el gobierno anunció la liberación de presos políticos y una ley de amnistía, más de 780 personas siguen detenidas. Para la sociedad civil venezolana, el desafío consiste en pasar de los gestos a una auténtica transición democrática.

¿Qué cambió en Venezuela y qué sigue igual?

Venezuela llevaba décadas bajo un régimen que castigaba la disidencia y premiaba la sumisión. La captura de Maduro rompió con esa lógica y desbloqueó una energía que estaba contenida. El gran cambio no fue político, sino de estado de ánimo: la ciudadanía volvió a creer que puede incidir en lo que ocurre en su país.

Sin embargo, aunque el rostro del poder haya cambiado, la infraestructura institucional no cambió. La captura de Maduro no significó la recuperación del Estado de derecho. Venezuela sigue bajo un sistema de “desjusticia” donde no hay reglas ni árbitros reales.

Las leyes que persiguen a la sociedad civil aún están en los libros y la arbitrariedad sigue siendo la norma en muchos niveles del Estado. Tomemos, por ejemplo, la ley de amnistía aprobada el 19 de febrero. Aunque fue una victoria temprana que permitió la liberación de cientos de presos políticos, la han aplicado de forma discrecional las mismas personas que habían sido responsables de su detención.

¿Cómo puede la sociedad civil aprovechar este momento?

La esperanza no es una ilusión abstracta: es una herramienta de movilización. Estamos ante una ventana de oportunidad, pero la esperanza se agota si no se traduce en cambios concretos.

La explosión de júbilo que siguió a la victoria de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol el 17 de marzo demostró que la identidad nacional sigue viva y es poderosa. Venezolanos dentro y fuera del país se unieron más allá de la polarización, igual que la Copa del Mundo de Rugby de 1995 unió a una Sudáfrica dividida por el apartheid. El triunfo deportivo nos recordó que tenemos una causa común.

El desafío de la sociedad civil hoy es transformar esa energía del estadio en compromiso cívico de largo plazo. Desde Creemos Alianza Ciudadana estamos trabajando en eso. No queremos una esperanza que espere por salvadores: queremos líderes locales en cada comunidad, gremio y universidad que vigilen a las instituciones con la misma pasión que alientan en las tribunas.

¿Qué hace falta para que la movilización ciudadana genere cambios reales?

Para transformar la energía de la calle en cambios concretos, Venezuela necesita un sistema institucional que funcione: transparente, con reglas claras y resultados verificables. Eso implica pasar de la ausencia de justicia a un sistema judicial independiente. No hay cambio real si quienes son responsables del colapso institucional no rinden cuentas.

También necesitamos una ciudadanía informada y no manipulable, capaz de auditar al poder, presionar por elecciones justas y transparentes, y recuperar el lenguaje del “nosotros”.

Pero, sobre todo, necesitamos que el cambio ocurra en cada municipio del país, no solo en la capital, Caracas. Para eso, cada venezolano debe asumir su rol como parte del cambio y entender que la democracia no es un destino, sino un proceso. No se reclama solo en momentos de clímax político, sino que se construye todos los días. Por eso, la movilización debe dejar de ser reactiva para ser proactiva: salir a las calles no solo cuando hay una crisis, sino para construir una solución.

Si la ciudadanía se retira pensando que el trabajo ya está hecho, corremos el riesgo de que la injusticia institucional se recicle. Debemos recordarles a quienes detentan el poder que la soberanía no se delega ciegamente: se ejerce día a día a través de la participación organizada.

¿Qué apoyo internacional necesita la sociedad civil venezolana?

Lo primero que necesitamos es reconocimiento. Llevamos 27 años luchando por la democracia y la libertad, y en vez de rendirse, la sociedad civil venezolana se fortaleció en la adversidad. Queremos que el mundo deje de vernos como un caso de crisis y pase a vernos como un ejemplo de resurgimiento ciudadano.

También necesitamos acompañamiento político y técnico para que los liderazgos locales puedan ejercer su labor de contraloría sin temor a represalias.

Y, por último, necesitamos inversión en información libre. Una ciudadanía informada es la única garantía de supervivencia de las instituciones.

CIVICUS entrevista a un amplio espectro de activistas, personas expertas y líderes de la sociedad civil para recabar diversas perspectivas sobre la acción de la sociedad civil y otros temas de actualidad, con el fin de publicarlas en su plataforma CIVICUS Lens. Las opiniones expresadas en las entrevistas son de las personas entrevistadas y no necesariamente reflejan las posiciones de CIVICUS. Su publicación no es una expresión de apoyo a los entrevistados ni a las organizaciones que representan.