CIVICUS conversa acerca de las elecciones legislativas en Argentina con Carlos Gervasoni, director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella.

El 26 de octubre, Argentina celebró elecciones legislativas que consolidaron el poder del presidente Javier Milei en el Congreso. Milei, un líder antisistema con una agenda de económica radicalmente neoliberal, obtuvo una victoria contundente que sugiere una transformación profunda del sistema político argentino. La polarización política y el alineamiento del gobierno con la extrema derecha mundial, personificada en el apoyo explícito de Donald Trump a Milei, plantean nuevos desafíos a la sociedad civil.

¿En qué contexto tuvieron lugar las elecciones legislativas?

Las elecciones se desarrollaron en un contexto de profunda transformación del sistema de partidos. Hasta 2023, la competencia entre el peronismo y la coalición de centroderecha Cambiemos (luego Juntos por el Cambio) aseguraba un cierto orden. La figura antisistema de Milei canalizó el profundo descontento que se había acumulado durante años, rompiendo ese equilibrio.

Para entender el ascenso de Milei es indispensable considerar la prolongada crisis económica de Argentina. Durante años la inflación erosionó el salario real, produciendo un agotamiento generalizado. Esto fue el resultado del fracaso de sucesivas administraciones para estabilizar la economía. Además, el gobierno peronista de Alberto Fernández y Cristina Kirchner llegó a su último año (2023) con una situación económica y social desastrosa, marcada por niveles récord de inflación y pobreza. A esta situación se sumó un clima político marcado por la pérdida de confianza en la dirigencia y la polarización, con un debate público cada vez más agresivo y una ciudadanía cansada de recibir siempre las mismas respuestas.

En este escenario, a inicios de 2025 Milei mantenía altos niveles de aprobación luego de haber aplicado medidas económicas drásticas que redujeron la inflación y generaron confianza en los mercados. Sin embargo, su gobierno también enfrentó controversias, como la que se generó ante la promoción de la criptomoneda $LIBRA por parte de Milei,  las vinculadas a la postulación del juez Ariel Lijo para la Corte Suprema y las relacionadas con compras irregulares de medicamentos, que afectaron parcialmente su imagen en los meses previos a los comicios.

¿Qué explica los buenos resultados de Milei y el fracaso de la oposición para consolidarse?

Milei logró captar el malestar social y canalizarlo a través de una propuesta política de ruptura. Su mensaje contra lo que él llama la casta política, su estilo confrontativo y su presencia constante en redes sociales y plataformas digitales le permitieron construirse como un líder ajeno a los partidos tradicionales. La claridad de su narrativa, combinada con una estética anti-establishment y el apoyo explícito de Trump, reforzó su identidad como figura disruptiva. Además, la percepción de una gestión económica inicialmente efectiva fortaleció su rendimiento electoral.

La oposición, por el contrario, llegó fragmentada y sin un liderazgo nítido. No consiguió articular un mensaje convincente para un electorado que demandaba transformaciones profundas. Muchos de sus dirigentes arrastran evaluaciones negativas por su paso previo por el gobierno, y las internas expusieron aún más la falta de cohesión. El peronismo atraviesa un momento particularmente crítico, sin un proyecto común, con tensiones entre figuras como Cristina Fernández de Kirchner (que cumple sentencia de prisión por corrupción y enfrenta aún varios procesos judiciales adicionales) y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y con bloques legislativos divididos. Luego de tres pobres performances en las elecciones de 2021, 2023 y 2025, el peronismo tiene la menor proporción de diputados, senadores y gobernadores desde la restauración democrática de 1983.

¿Qué influencia tuvo Trump en el resultado electoral?

Es difícil saberlo. El apoyo financiero del Tesoro estadounidense evitó lo que probablemente hubiera sido un colapso del peso en los días antes de las elecciones, lo cual seguramente hubiera perjudicado el desempeño electoral de La Libertad Avanza, el partido de Milei. Frente a una corrida cambiaria que amenazaba con desestabilizar al país antes de las elecciones, el Tesoro de Estados Unidos otorgó un rescate de 20.000 millones de dólares, lo que permitió contener el dólar, reducir la presión inflacionaria y mejorar la percepción pública del gobierno. Este apoyo estuvo vinculado a la afinidad ideológica entre Milei y Trump, pero también al interés estratégico de Estados Unidos en la posición geopolítica y los recursos naturales de Argentina.

Por el otro lado, la opinión pública argentina ha sido históricamente reacia a los Estados Unidos, y ciertamente no simpatiza mayoritariamente con el presidente Trump. Creo que el primer factor fue más influyente que el segundo, y que entonces el apoyo de los EUA explica en buena parte los resultados que el gobierno de Milei obtuvo en las elecciones.

¿Qué significa esta victoria para el futuro del país?

La victoria de Milei profundiza un cambio estructural en la política argentina. Llegó a la presidencia sin una estructura partidaria desarrollada: La Libertad Avanza era esencialmente una marca sostenida por militancia digital. Por eso, una prioridad del gobierno es construir un partido real, con presencia en las 23 provincias y capacidad organizativa propia.

A nivel programático, el resultado electoral consolida el proyecto de Milei: ajuste del Estado, reducción del gasto público y alineamiento con una agenda internacional conservadora. El mayor respaldo legislativo que tendrá a partir de los resultados electorales le permite avanzar con más rapidez en estas reformas, aunque aun dependiendo del apoyo de partidos afines, como el PRO, o lo que pueda sumar en base a negociaciones con partidos pequeños y gobernadores, que a menudo controlan a los legisladores electos por su partido y provincia.

Su éxito, entonces, dependerá de su capacidad para sumar aliados y mantener cohesionada su coalición en un país históricamente inestable. En última instancia, el margen de acción estará condicionado por la profundidad de la crisis económica y por el nivel de apoyo social que pueda sostener a medida que avance su programa.

¿Cuáles son las implicancias para la sociedad civil, la cooperación internacional y los derechos humanos?

En materia de derechos humanos, no se prevén retrocesos estructurales. Argentina no presenta violaciones sistemáticas desde hace décadas y no hay señales de que esto vaya a cambiar. Persisten episodios aislados de abuso policial, pero no constituyen una política deliberada de represión. Lo que sí genera inquietud es el trato hostil hacia la prensa independiente, con descalificaciones e intentos de presión. Aunque preocupante, esto no implica un deterioro profundo del régimen de derechos, pero sí exige vigilancia.

Respecto a la cooperación internacional, el cambio es claro: Argentina se ha alejado de agendas multilaterales vinculadas al clima, los derechos de las mujeres, los derechos de los pueblos indígenas y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El gobierno se alinea ahora con un conjunto de derechas que cuestionan el multilateralismo, lo cual también se refleja en la política regional, con menor involucramiento en Mercosur y espacios como el G20 y un foco casi exclusivo en Estados Unidos y, en segundo lugar, Israel.

Finalmente, en cuanto a la sociedad civil, el panorama es menos preocupante. Argentina posee un tejido cívico sólido, con organizaciones activas en derechos humanos, transparencia y control democrático. Hasta ahora no hubo intentos de cooptación o desmovilización de estas organizaciones. El gobierno está prioritariamente enfocado en la economía y la construcción de su propio partido, no en confrontar directamente con la sociedad civil.

Las opiniones expresadas en esta entrevista son de la persona entrevistada y no necesariamente reflejan los puntos de vista de CIVICUS.