POBREZA: “La falta de recursos y la exclusión dificultan el ejercicio de las libertades cívicas”
CIVICUS conversa sobre la lucha contra la pobreza y la desigualdad con Elena Carolina Díaz Galán, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos.
Este mes, Díaz Galán, una académica española, presentó su primer informe temático ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Había asumido el mandato en mayo, tras ser nombrada por el Consejo de Derechos Humanos en marzo. La relatoría a su cargo, establecida en 1998, es de carácter transversal, porque la pobreza impacta sobre la capacidad de las personas para acceder a todo el espectro de los derechos humanos.
¿Cuáles son sus prioridades y qué espera lograr durante su mandato?
Una de mis prioridades es analizar el papel que cumplen las autoridades y los actores locales, junto con los gobiernos nacionales, en la lucha contra la pobreza, y conocer mejor la situación de las personas que viven en la pobreza en las ciudades. Estoy manteniendo encuentros con gobiernos locales de todo el mundo para recopilar información sobre sus prácticas contra la pobreza y la exclusión social. Busco identificar buenas prácticas que puedan inspirar a otros. También pongo el foco en grupos concretos, como las mujeres y las niñas, y en la feminización de la pobreza.
Otra prioridad es la lucha contra las desigualdades, un elemento central de la lucha contra la pobreza y la extrema pobreza. Para ello estoy poniendo en marcha varias iniciativas en colaboración con otras relatorías, en sintonía con el impulso que le están dando al tema Estados como Brasil, España y Noruega.
Pero el principal objetivo de mi mandato es situar en el centro a las personas que viven en la pobreza y combatir las causas que la perpetúan y la vuelven intergeneracional. También quiero evitar que la pobreza se invisibilice. Trabajaré intensamente para reforzar la protección de los derechos humanos de las personas que viven en la pobreza y combatir la discriminación que sufren, prestando especial atención a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. El propósito último es cumplir el primer objetivo que la comunidad internacional se planteó en 2015 como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: erradicar la pobreza.
¿Qué planteó en su informe ante la Asamblea General?
Mi primer informe temático analiza los vínculos entre pobreza y urbanización. Sostiene que el tipo de urbanización que se persigue es una decisión política que puede reducir o profundizar la pobreza, según cómo se planifiquen, gobiernen y financien las ciudades. También examina los procesos de exclusión social y los motores estructurales de la pobreza urbana.
En mi presentación, recordé a los Estados miembros de las Naciones Unidas que erradicar la pobreza es el primer y principal objetivo que ellos mismos acordaron, y los insté a adoptar todas las medidas necesarias para cumplirlo, en colaboración con autoridades locales y actores internacionales. Para lograrlo, deben tomar medidas concretas para combatir las desigualdades, la segregación y la exclusión social, con pleno respeto de los derechos humanos y la dignidad de las personas.
¿Cómo está evolucionando la pobreza?
La evolución de la pobreza varía según el contexto. En algunos lugares aumenta la pobreza extrema, que afecta a quienes no logran cubrir siquiera sus necesidades más básicas, como la alimentación. En otros casos aumentan los niveles de pobreza moderada, que afecta a quienes cubren lo mínimo pero no otras necesidades esenciales. En otros crece la pobreza relativa, es decir, aumenta la cantidad de personas que quedan muy por debajo del nivel de vida de la sociedad en que viven. Por eso es necesario tener en cuenta las particularidades de cada país y región.
Además, la pobreza adopta nuevas formas, vinculadas a desafíos de larga data que aumentan día a día, como la inseguridad o el cambio climático. Hablamos así de pobreza energética, de pobreza estrechamente vinculada al cambio climático y de pobreza ambiental.
¿Cómo afecta la pobreza al ejercicio de las libertades cívicas?
Se ha señalado muchas veces la “falta de voz” de las personas que viven en la pobreza y la extrema pobreza, que las vuelve invisibles para los políticos, la administración y la sociedad en general. La falta de recursos y la exclusión que sufren les dificultan organizarse y hacerse escuchar.
Además, la pobreza expone a las personas a insultos, agresiones físicas y criminalización. Esta relatoría lo ha denunciado en varios informes, incluido mi informe sobre ciudades y pobreza. Nadie debería ser criminalizado por actividades necesarias para sobrevivir, como pedir limosna, trabajar en la informalidad o dormir en la calle, o por ser migrante en situación irregular. Y la situación migratoria de una persona nunca debería condicionar el ejercicio de los derechos a las libertades de asociación, expresión y reunión.
Por eso, las políticas contra la pobreza deberían ir más allá de lo material: además de mejorar el acceso a recursos básicos y a derechos sociales esenciales, deben permitir a las personas ser reconocidas como sujetos de derecho, con representación y voz en la sociedad. Para eso es fundamental que quienes viven en la pobreza participen activamente en el diseño y la implementación de esas políticas. Así, sus inquietudes serán contempladas y las medidas responderán a su realidad.
¿Qué se puede hacer para combatir la pobreza?
Para combatir la pobreza, el desarrollo económico sigue siendo importante, pero debe ir acompañado de desarrollo social y medioambiental. Cuando los Estados garantizan efectivamente los derechos humanos, en particular los derechos sociales, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social se reducen significativamente. La Resolución 70/1, con la que la Asamblea General adoptó la Agenda 2030, reconoce múltiples derechos sociales, como la educación, el trabajo decente, la vivienda o la salud.
Las ciudades tienen aquí un papel clave, porque es en ellas donde estos derechos se necesitan con especial urgencia. Su vulneración se agrava por problemas típicos de las grandes ciudades, como la falta de transporte accesible, la ausencia de vivienda digna o la precarización del empleo y el desempleo. Países como Corea del Sur impulsan el concepto de “ciudades de derechos humanos”: ciudades sostenibles e inclusivas que sitúan al ser humano en el centro.
Contamos con numerosos instrumentos para mejorar esta situación y crear sistemas centrados en los derechos humanos y en la dignidad de las personas, pero se requiere voluntad y acción política.
¿Qué papel puede cumplir la sociedad civil y cómo puede colaborar con su mandato?
La sociedad civil es fundamental para impulsar a los Estados y otros actores a reconocer y proteger los derechos humanos mediante tratados regionales o universales y mecanismos efectivos de garantía. También tiene un papel clave en visibilizar los problemas de las comunidades y generar cambios en la toma de decisiones.
Para mi mandato es valioso participar en eventos que organiza la sociedad civil sobre la lucha contra la pobreza y la exclusión social, y sobre la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Los encuentros con organizaciones de la sociedad civil, en particular con las que trabajan con personas que viven en la pobreza, son muy enriquecedores. Me permiten conocer de primera mano las necesidades reales y los principales desafíos que enfrentan las comunidades, y complementar la información que obtengo de otros actores internacionales.
Necesitamos que la sociedad civil mantenga una posición firme en defensa de los derechos humanos, en particular de los de las personas que viven en la pobreza, para que la erradicación de la pobreza siga siendo una prioridad de la comunidad internacional y se traduzca en acciones concretas.
CIVICUS entrevista a un amplio espectro de activistas, personas expertas y líderes de la sociedad civil para recabar diversas perspectivas sobre la acción de la sociedad civil y otros temas de actualidad, con el fin de publicarlas en su plataforma CIVICUS Lens. Las opiniones expresadas en las entrevistas son de las personas entrevistadas y no necesariamente reflejan las posiciones de CIVICUS. Su publicación no es una expresión de apoyo a las personas entrevistadas ni a las organizaciones que representan.