En el Día Internacional de la Mujer (DIM) de 2022, los movimientos de mujeres de todo el mundo comenzaron a salir de encierro y a recuperar la calle, en la medida en que los contextos sanitarios locales lo permitieran. Aprovecharon el momento de visibilidad que ofrecía la conmemoración global para introducir en la agenda pública importantes demandas de igualdad y justicia de género, reclamando medidas contra la violencia de género, avances en materia de derechos sexuales y reproductivos y políticas para hacer realidad los derechos sociales y económicos. Estas reivindicaciones no van a desaparecer después del 8 de marzo. El movimiento por los derechos de las mujeres no bajará la guardia: seguirá resistiendo frente a la reacción antiderechos y se asegurará de que cada futuro DIM sea una celebración de los derechos conquistados desde su edición anterior.

El 8 de marzo de 2022, Día Internacional de la Mujer (DIM), se celebró apenas tres días antes del segundo aniversario de la declaración de la pandemia de COVID-19. Durante dos años, mientras la pandemia hacía estragos, el movimiento de mujeres se arremangó para hacer lo que fuera necesario para responder a los impactos desproporcionados de la crisis sanitaria, los confinamientos y la recesión económica sobre mujeres y niñas. En ocasión del DIM en marzo de 2021, las restricciones pandémicas a las libertades de movimiento y de reunión dificultaron la organización de grandes manifestaciones, lo que obligó a los movimientos de mujeres a aplicar su creatividad a la búsqueda de formas alternativas de dar visibilidad a sus demandas.

Un año atrás, los movimientos de mujeres hicieron lo que pudieron para mantener sus luchas en la agenda, pero no fue lo mismo: a lo largo de los años, su éxito a la hora de hacer visible lo invisible, volver audible lo inaudible y cambiar significados y perspectivas ha estado estrechamente vinculado con su capacidad de reclamar y mantener una presencia en el espacio público.

Pero en 2022, en gran parte del mundo el virus parecía estar retrocediendo y la vida retomaba su antiguo ritmo, por lo que las feministas volvieron a salir a la calle. El movimiento no había sido derrotado por la pandemia, sino que por el contrario estaba altamente motivado para salir de ella fortalecido.

El 8 de marzo de 2022 en todo el mundo

El derecho a una vida libre de violencia

La violencia de género (VG) aumentó en todas partes bajo la pandemia, pero el problema no desaparecerá por arte de magia cuando la pandemia se termine, porque las relaciones de poder profundamente desiguales que habilitan la VG preceden a la pandemia y la sobrevivirán. Es por eso que la violencia de género ha estado en el centro de las movilizaciones feministas en tantos lugares y durante tanto tiempo.

Todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas se intensificaron durante la pandemia. Las medidas políticas para evitar la propagación del COVID-19 afectaron a mujeres y niñas de manera específica: las preocupaciones financieras, las restricciones al movimiento, las condiciones de vida a menudo estrechas y -en los casos de violencia doméstica- el aislamiento en un mismo espacio con los agresores, hicieron que la situación fuera especialmente grave para muchas mujeres y niñas. Desgraciadamente, las épocas de crisis rara vez han resultado ser un catalizador de la igualdad de género. La clave para lograr la igualdad y la justicia social es una sociedad civil activa.

HANNAH STEINER y SOPHIE HANSAL, Red de Centros de Apoyo para Mujeres y Niñas de Austria

Puesto que se trata de un problema global, las movilizaciones del DIM en todas partes del mundo exigieron medidas contra la violencia de género; sin embargo, es en América Latina donde esas demandas fueron más fuertes. En la región latinoamericana las mujeres se movilizaron en gran número, en un país tras otro. Las calles de las ciudades de toda la región se tiñeron de verde -el color de la creciente marea por el derecho al aborto procedente de Argentina– y el violeta -el color tradicional del movimiento feminista-.

En Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador y Uruguay, entre otros países, se celebraron marchas masivas y huelgas feministas contra todas las formas de violencia, tanto doméstica y sexual como institucional y económica.

En Ciudad de México, la jornada comenzó con una zepelín gigante que surcó los cielos con una pancarta en la que se leía “10 femicidios diarios, ninguna en el olvido”, tras lo cual hubo una marcha multitudinaria en la capital y muchas más en varios estados del país.

En Bolivia cientos de mujeres marcharon por la justicia y el fin de la impunidad el 7 de marzo, en la víspera del DIM. Convocadas por el colectivo Mujeres Creando, portaban fotografías de hombres acusados o condenados por violación, así como de jueces y fiscales que habían liberado a autores de violencia de género y femicidios. También el 7 de marzo, decenas de mujeres de la vecina Chile protagonizaron una protesta denominada “Super lunes feminista” frente al palacio presidencial, que incluyó una recreación de la interpretación de la famosa canción “Un violador en tu camino”.

En Honduras, las manifestantes condenaron los femicidios e instaron a la aprobación de la Ley de Casa Refugio para víctimas de violencia de género. En Panamá, las mujeres reclamaron mayor protección para niñas y adolescentes frente a la violencia sexual, así como mejores garantías para los derechos laborales.

América Latina fue también, como era de esperar, el lugar donde más se dejó ver la violencia en las protestas. La violencia de las manifestantes se ejerció casi invariablemente contra objetos más que contra personas: el resultado de ello fueron cristales rotos, paredes pintadas y barreras protectoras derrumbadas. En cierto modo -como ocurrió en México, donde a lo largo de los años las desapariciones de mujeres y los femicidios han acumulado decenas de miles- las manifestantes actuaron convencidas de que unos cuantos cristales rotos no eran gran cosa comparados con la inmensidad del daño causado a las mujeres. Pero los grandes medios de comunicación tendieron a tratar a la violencia de las manifestantes, incluso cuando estuviera dirigida contra objetos inanimados, con mayor dureza que a la violencia policial dirigida contra las manifestantes, pese a que ésta lastimara a personas de carne y hueso.

La mayoría de las protestas del DIM se desarrollaron en un ambiente celebratorio: aunque compartieran lamentos y expresaran ira, las mujeres estaban allí para experimentar la sororidad y disfrutar del estar juntas, ya fuera para celebrar victorias o para darse mutuamente fuerzas para superar la derrota. No era una situación que invitara a la violencia, no obstante lo cual hubo casos en que sobrevino la represión, sin que mediara provocación y sin justificación.

Así ocurrió en Ecuador, donde las manifestantes fueron recibidas por la policía con gas pimienta, golpes de porra, caballos y perros. La represión comenzó del modo habitual: cientos de mujeres se reunieron pacíficamente y se dirigían a la plaza principal de Quito cuando fueron interceptadas por policías a caballo que les arrojaron gases lacrimógenos para impedirles ingresar a la zona circundante a la sede del gobierno. También se utilizaron gases lacrimógenos contra las manifestantes en Guayaquil, la segunda ciudad más grande de Ecuador, a pesar de que las organizadoras de la protesta habían conseguido todos los permisos necesarios.

Del otro lado del mundo, en el sur de Asia, se celebraron en Pakistán, por quinto año consecutivo, decenas de actos por el DIM, conocidos como la Marcha Aurat. Recientes casos de femicidio, de gran repercusión, habían intensificado los llamamientos a reforzar la protección legal contra los llamados “crímenes de honor”. Como en años precedentes, las manifestantes enfrentaron intensas reacciones, que incluyeron intentos de impedirles marchar. El ministro de Asuntos Religiosos pidió que se cancelaran los actos del DIM, que se prohibiera la Marcha Aurat y que el 8 de marzo fuera rebautizado “Día del Hijab”. Por lo menos una organización de derechas acusó a las manifestantes de “obscenidad” y amenazó con golpearlas.

Las mujeres no se dejaron amedrentar en Lahore, donde 2.000 de ellas se manifestaron a pesar de los esfuerzos de las autoridades, primero por prohibir la protesta y luego por disuadir a las organizadoras amenazándolas con no proporcionarles seguridad. La manifestación siguió adelante tras un recurso judicial mediante el cual el Tribunal Superior de Lahore obligó a las autoridades a proporcionar protección. En Lahore y otras ciudades, tales como Islamabad y Karachi, también se movilizaron contramanifestaciones conocidas como “marchas del hiyab”, en las que participaron mujeres de grupos religiosos conservadores que demandaban la preservación de los “valores islámicos”.

Es urgente una ley que penalice la violencia doméstica en Irak. Las organizaciones llevan más de una década abogando por ello. Han presentado varios proyectos de ley, pero el Parlamento se ha negado hasta ahora a debatir y aprobar una ley que proteja de la violencia a mujeres, niñas y familias. Dada la importancia de este tipo de legislación para promover y proteger los derechos de las mujeres a nivel nacional, seguiremos presionando a los responsables de la toma de decisiones mediante incidencia y campañas, combinadas con el apoyo de medios de comunicación.

ALYAA AL ANSARI, Organización Bent Al-Rafedain, Irak

A caballo entre Asia y Europa, en Azerbaiyán, el Movimiento Feminista de Azerbaiyán se reunió en Bakú para instar a la adopción del Convenio de Estambul -el Convenio del Consejo de Europa para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica- y exigir que se investigaran adecuadamente los casos de violencia de género. En lugar de investigar las denuncias, la policía suele aconsejar a las víctimas que regresen a casa y se reconcilien con sus maridos.

La mayor parte de los abusos y actos discriminatorios que sufren las mujeres y las niñas en el Líbano son el producto directo de los desequilibrios entre mujeres y hombres en la sociedad patriarcal libanesa, que están codificados en la ley. La violencia doméstica es un problema de larga data debido a normas sociales de género profundamente arraigadas que impregnan todo el sistema social, las políticas y la legislación. Hasta ahora, el gobierno no ha reconocido ni, por tanto, abordado el problema y no ha asignado recursos específicos para hacer frente a la violencia de género.

GHIDA ANANI, ABAAD - Centro de Recursos para la Igualdad de Género, Líbano

En la vecina Turquía -donde, según la organización de la sociedad civil (OSC) Plataforma Detendremos los Femicidios, 72 mujeres fueron asesinadas solamente en 2022- las mujeres también se manifestaron contra la violencia de género. Las activistas advirtieron que incluso estas elevadas cifras de femicidios pueden ser flagrantes subestimaciones, ya que los femicidios son a menudo registrados como suicidios o accidentes. Por la noche, las mujeres realizaron su marcha nocturna feminista anual en Ankara y Estambul. Aquí, como en Quito, la policía antidisturbios utilizó gas pimienta contra las manifestantes para intentar dispersar a una multitud de varios miles de personas reunidas en el centro de la ciudad.

El 8 de marzo celebramos manifestaciones masivas en toda Turquía con el lema “No viviremos en las garras de la pobreza y a la sombra de la violencia, nunca caminarás sola”. Últimamente estamos atravesando una grave crisis económica con inflación creciente. El aumento de la violencia contra las mujeres y la creciente pobreza están interconectados. Seguiremos organizándonos por nuestro derecho a ser reconocidas como libres e iguales y a vivir una vida libre de violencia. Seguiremos protestando para que ninguna voz quede sin ser escuchada.

PLATAFORMA DETENDREMOS LOS FEMICIDIOS, Turquía

La violencia de género y los femicidios también fueron objeto de atención en África y en Europa. En Albania, el Colectivo Feminista protestó frente a la oficina del primer ministro en Tirana para reclamar por una vida libre de violencia en todas sus formas, incluida la violencia de género. Simultáneamente, se organizó una performance en una plaza céntrica, en la cual se depositaron decenas de pares de zapatos rojos para simbolizar a las víctimas de femicidios.

En Bélgica, cerca de 5.000 mujeres salieron a las calles de Bruselas para reclamar igualdad y el fin de la violencia de género y el acoso sexual. Entre los gritos de batalla se escuchó “Victime, on te croit. Agresseur, on te voit” (“Víctima, te creemos. Perpetrador, te estamos viendo”), en referencia a los testimonios compartidos por mujeres que han sufrido acoso sexual.

En Austria está creciendo un nuevo e importante movimiento. Es la continuación del movimiento feminista Ni Una Menos, originado en América Latina. Desde su fundación en julio de 2020, ningún femicidio ha pasado desapercibido en Austria.

Este nuevo movimiento de base ocupa el espacio público: cada vez que se informa de un femicidio, el movimiento se reúne en lugares céntricos de Viena para manifestarse contra la violencia patriarcal y conmemorar a las víctimas. El movimiento pretende politizar los femicidios para ir más allá de la mera reacción y ganar protagonismo. Desde 2020 se han celebrado más de 30 concentraciones de este tipo.

En mi opinión, ya ha conseguido bastante éxito. Por ejemplo, la forma en que informan los medios de comunicación ha cambiado completamente. Ya no se refieren a un femicidio como a un drama familiar o un asesinato, sino que hablan de femicidio, es decir, del asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer.

JUDITH GOETZ, Austria

En el Reino Unido, las activistas depositaron flores frente a un centro de detención para mujeres migrantes, afirmando que la mayoría de las mujeres allí retenidas eran sobrevivientes de violaciones y otras formas de violencia de género y víctimas de trata y esclavitud moderna. Se comprometieron a seguir protestando hasta que el centro fuera clausurado.

En Nairobi, Kenia, centenares de mujeres se manifestaron ante la jefatura de la policía nacional para exigir justicia por las agresiones sexuales en espacios públicos y reclamar la regulación del sector de las motocicletas de transporte público, después de que se viralizara un video en el que se veía a una mujer siendo agredida sexualmente por motoristas en una carretera muy transitada. Las manifestantes llevaban pancartas donde se leían mensajes tales como “usinishike”, es decir, “no me toques” en suajili.

La educación puede desencadenar el cambio que necesitamos, y cuanto más facilitemos estas conversaciones entre los jóvenes, mejor preparada estará la próxima generación para alterar y remodelar la cultura de la violencia de género que existe a nuestro alrededor. Llevamos el mensaje del DIM a nuestras conversaciones con los jóvenes cada día. La alteración de los prejuicios, los estereotipos y la discriminación contra las mujeres y las personas trans y no binarias es el núcleo de nuestro trabajo, y es la clave para desafiar la violencia de género.

BOLD VOICES, Reino Unido

La sororidad global y el derecho al aborto

Muchas de las protestas que se centraron en la violencia de género también reivindicaron los derechos sexuales y reproductivos. No se trató de una mera coincidencia, ya que la violencia de género y la negación de los derechos sexuales y reproductivos tienen una raíz común: la privación de las mujeres de su condición de sujetos plenos de derechos y de su autonomía para decidir sobre sus cuerpos y sus vidas. La privación de la condición de sujeto de derecho es violencia.

Este énfasis se observó en El Salvador, que tiene una de las leyes antiaborto más estrictas del mundo. En el DIM, unas 2.000 mujeres de organizaciones feministas y grupos universitarios marcharon contra los femicidios y para exigir la inmediata legalización del aborto bajo tres causales: para salvar la vida de la persona embarazada, en casos de malformación fetal incompatible con la vida y cuando el embarazo es consecuencia de violencia sexual.

Como feministas estamos luchando para cambiar la ley que penaliza el aborto de manera absoluta. En El Salvador se persigue a las mujeres injustamente. Se violan los derechos reproductivos de las mujeres, sobre todo de las más jóvenes, de las que viven en situación de pobreza, y de las que viven en zonas rurales del país. En ese sentido, desde el movimiento feminista luchamos para cambiar este marco normativo tan restrictivo, absolutista y absurdo.

SARA GARCÍA GROSS, Grupo de Ciudadanos por la Despenalización del Aborto en El Salvador

Algo similar habría ocurrido en Polonia, donde en 2020 se introdujo una prohibición casi total del aborto bajo la cobertura de la pandemia, de no haber sido por la emergencia provocada por la invasión rusa de Ucrania. En menos de dos semanas, más de 1,2 millones de refugiados ucranianos, en su mayoría mujeres y niños, cruzaron la frontera con Polonia, y la sociedad civil polaca se puso a trabajar para ayudar en lo que pudiera. Todo lo demás pasó temporariamente a un segundo plano.

Los derechos sexuales y reproductivos estarán inevitablemente en primer plano en el DIM en Polonia este año. El hecho de que ahora sea casi imposible acceder al aborto es uno de los principales problemas que obstaculizan los derechos de las mujeres en Polonia. El gobierno polaco no ha adoptado una estrategia global para promover la igualdad de género. Además, el sistema institucional estatal para proteger la igualdad de trato se ha debilitado gravemente. El Estado no solamente no hace nada, sino que tampoco acoge muy bien las iniciativas de la sociedad civil en la materia.

FUNDACIÓN HELSINKI PARA LOS DERECHOS HUMANOS, Polonia

Este desplazamiento se produjo en toda Europa e incluso más allá: las reivindicaciones de los derechos de las mujeres compartieron escenario con los llamamientos a la solidaridad con Ucrania. Se celebraron concentraciones de color azul y amarillo en varias capitales europeas, tales como Bruselas, donde tuvo lugar una manifestación llamada “Las mujeres con Ucrania”, y en Berlín, donde cientos de personas, en su mayoría mujeres, se concentraron frente a la embajada rusa para protestar contra la invasión. En Turquía, la Plataforma de Mujeres de Ankara se puso públicamente del lado de las mujeres y los niños ucranianos en tanto que “las primeras víctimas de la guerra”. Más lejos, en Asia Central, una manifestación del DIM en Kirguistán también denunció la invasión.

En España, donde se movilizaron cientos de miles de mujeres, las manifestantes formularon reivindicaciones de igualdad al tiempo que protestaban contra la guerra; en las guerras, señalaron, las mujeres son siempre tratadas como moneda de cambio. En Barcelona, el micrófono pasó a manos de dos ucranianas que reconocieron el valor de las mujeres que se jugaban el pellejo para detener los tanques rusos.

El DIM de este año en Bulgaria se centró en la paz. Trabajamos para dar apoyo a las mujeres y niñas refugiadas procedentes de zonas de conflicto en Ucrania. Trabajamos por el objetivo de una Europa feminista.

ILIANA BALABANOVA, Plataforma Búlgara del Lobby Europeo de Mujeres

Representación política, una demanda clave

Las organizaciones de mujeres que llevan años reclamando que órganos legislativos compuestos mayoritariamente por hombres aprueben leyes que beneficien a las mujeres saben muy bien que una representación política más equitativa es una llave que abre muchas puertas. Activistas y organizaciones de todo el mundo están priorizando la incorporación de mujeres a espacios de toma de decisiones con el objetivo de hacer realidad el lema feminista “nada sobre nosotras sin nosotras”. Esto significa participar en pie de igualdad tanto en las tareas rutinarias de gobierno como en la toma de decisiones en momentos excepcionales, tales como las transiciones a la democracia, la elaboración de constituciones y los procesos de paz.

En el DIM, destacamos la necesidad de incluir a las mujeres en el proceso de paz y arrojamos luz sobre las consecuencias de la violencia de género para las mujeres yemeníes. Debido a la guerra, la participación política de las mujeres en los órganos de toma de decisiones disminuyó; por primera vez, los órganos políticos relevantes no tenían ninguna representante femenina. Desde el punto de vista político, las mujeres yemeníes no existen, ya que están completamente ausentes del proceso de toma de decisiones.

BILKIS ABOUOSBA, Fundación Awam para el Desarrollo y la Cultura, Yemen

La representación política estuvo colocada en el centro de las movilizaciones del DIM en Camerún, donde más de 20.000 mujeres salieron a las calles de Yaundé para insistir en la importancia de tener un rol adecuado en la toma de decisiones. Las manifestantes exigieron cuotas de género, afirmando que no aceptarían seguir siendo tratadas como inferiores a los hombres. Las activistas destacaron que los cuatro ministros de Estado y los diez gobernadores regionales son actualmente hombres, y que apenas seis de los 39 ministros y dos de los 58 funcionarios de división son mujeres. En el parlamento, las mujeres son apenas 61 de los 180 miembros de la cámara baja y 26 de los 100 senadores. El llamamiento tuvo eco en las protestas que tuvieron lugar en ciudades y pueblos de todo Camerún.

Algo parecido se vio en Almaty, Kazajistán, donde grupos feministas organizaron una manifestación por la igualdad de derechos a la que asistieron más de 1.000 personas. Las manifestantes llevaban carteles en los que se leía “La opinión de las mujeres importa”, “Más mujeres en la política” y “El feminismo salvará a Kazajistán”. Exigieron políticas de género más modernas, medidas contra la violencia de género y la contratación de más mujeres en las instituciones gubernamentales.

En Nigeria, cientos de mujeres se manifestaron ante la Asamblea Nacional en Abuja para instar a los legisladores a reexaminar una serie de proyectos de ley destinados a cerrar la brecha de género, que no habían obtenido el número de votos necesario para ser incluidos en una enmienda constitucional. Las protestas de las mujeres comenzaron el día después de que los legisladores votaran el 1º de marzo en rechazo de todos los proyectos de ley relativos a los derechos de las mujeres. Estos proyectos de ley habrían establecido cuotas de representación legislativa para las mujeres, habrían previsto la acción afirmativa en la vida interna de los partidos políticos y habrían concedido la ciudadanía a los maridos extranjeros de mujeres nigerianas.

A esta demanda de representación de género equitativa se sumaron los grupos movilizados en reacción al femicidio de Ayanwole Bamise, asesinada en un autobús en el estado de Lagos, con el argumento de que sólo si se demuele desde los cimientos el sistema patriarcal existente podrán las mujeres vivir seguras y protegidas de la violencia.

En Sudán, miles de personas marcharon el DIM en Jartum y en otros lugares para denunciar el golpe militar del 25 de octubre. La jornada se dedicó a asegurar que las preocupaciones de las mujeres no fueran dejadas de lado en las luchas por la libertad, la paz y la justicia: los comités de resistencia deben incluir a las mujeres en los procesos de toma de decisiones y respetar la agenda de derechos de las mujeres para que la democracia, cuando se restablezca, no vuelva a dejar atrás a las mujeres. Como era de esperar, cuando se acercaron al palacio presidencial los manifestantes fueron recibidos con gases lacrimógenos para obligarles a dispersarse.

Nuestro mandato es construir el poder de las mujeres para derrotar las desigualdades socioeconómicas que siguen marginando a las mujeres, especialmente a las jóvenes. Nuestra esperanza es que un día las mujeres jóvenes puedan estar en el centro de las conversaciones clave sobre la recolección, distribución y uso de los recursos nacionales. También prevemos que las mujeres jóvenes ocupen puestos de liderazgo a todos los niveles, lo que les permitirá sumar voces autorizadas para resolver los problemas que les resultan fundamentales.

MARGARET MUTSAMVI, Proyecto de Justicia Económica para las Mujeres, Zimbabue

Derechos sociales, económicos y ambientales

Las reivindicaciones sociales, económicas y ambientales fueron prominentes en las movilizaciones de muchos países, tales como Perú y Venezuela, donde las manifestantes se enfocaron en los temas de la pobreza y la seguridad alimentaria.

En Brasil, las mujeres de movimientos populares, organizaciones de base, sindicatos, colectivos feministas y partidos políticos llevaron a cabo protestas masivas contra las políticas excluyentes del presidente Jair Bolsonaro. Bajo el lema “Bolsonaro nunca más”, las manifestantes también adjudicaron a la negligencia de Bolsonaro las más de 600.000 muertes por COVID-19. En un año electoral, un cambio de presidente sería una gran oportunidad para empezar a recuperar el terreno perdido en materia de derechos de las mujeres y de las personas LGBTQI+, de derechos laborales, ambientales y de los pueblos indígenas.

En el Día Internacional de la Alimentación, las oficinas de GAIN en África, Asia y Europa siguieron haciendo el trabajo que hay que hacer, al tiempo que se tomaron el tiempo para reconocer los logros de las mujeres en el mejoramiento de los sistemas alimentarios. Como sabemos muy bien, las contribuciones de las mujeres son a menudo subvaloradas, no recompensadas y pasadas por alto. Esto es aún más pernicioso en relación con los sistemas alimentarios, donde las mujeres son líderes clave en cada fase del proceso: como agricultoras, procesadoras, trabajadoras del sector del transporte, comerciantes y consumidoras. Y aun así, las mujeres y las niñas son a menudo los últimos integrantes del hogar en comer.

FARRAH NAZ, Alianza Mundial para la Mejora de la Nutrición (GAIN), Pakistán

En todo el mundo, los efectos de la pandemia pusieron en evidencia la desigual distribución del trabajo de cuidado dentro de las familias. Entre los movimientos de mujeres de América Latina, esto desencadenó un profundo proceso de reflexión sobre las condiciones estructurales que determinan la desigual distribución de las tareas de cuidado, la forma en que todo el edificio social se apoya en dicha desigualdad y las consecuencias que esto tiene para la vida de las mujeres. En consecuencia, las OSC feministas comenzaron a insistir cada vez más en la inclusión de sistemas de cuidados gestionados por el Estado en todo plan de recuperación de la pandemia. En las calles, esto se reflejó en un eslogan que ahora forma parte del repertorio habitual de las protestas feministas: “no es amor, es trabajo no pagado”.

Nuestra campaña permanente como organización consiste en quebrar sesgos y superar prejuicios y estereotipos. Como consecuencia de ellos, el trabajo doméstico y de cuidados sigue recayendo abrumadoramente sobre las mujeres. Esto tiene profundos efectos sobre la calidad de vida, porque implica que las mujeres ya sea abandonen sus estudios o empleo para realizar esta labor no paga en sus hogares, ya sea intenten convertirse en “multi-mujeres” que deben poder hacerlo todo, aunque ya no puedan más de cansancio.

CECILIA ANANÍAS SOTO, Amaranta, Chile

Otras protestas pusieron de relieve cuestiones de salud específicas de las mujeres. En Chad, por ejemplo, la OSC Rehabilitación y Formación Técnica aprovechó el DIM para concientizar sobre el problema de las fístulas obstétricas, una dolencia grave pero demasiado común que es el resultado de un parto obstruido en ausencia de intervención médica oportuna. Otras organizaciones, como WingEd Girls de Zambia, se enfocaron en la salud menstrual y el estigma, y exigieron que se destinen más recursos a los sistemas públicos de salud.

Con motivo del DIM, organizamos una actividad de divulgación escolar en un distrito rural de la Provincia del Sur de Zambia. Como es habitual, el acto incluyó charlas sobre higiene y salud menstrual y sesiones de orientación profesional. Nuestro objetivo es esencialmente romper los prejuicios que la sociedad y las comunidades tienen contra las niñas, empezando por el acceso a la educación y las opciones profesionales. En consonancia con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, queremos garantizar que las niñas tengan acceso a una educación de calidad a pesar de los diversos desafíos que enfrentan, incluida la menstruación.

PAMELA MATEYO y MWAPE KAPEPULA, WingEd Girls, Zambia

En toda África y en el resto del mundo, activistas y organizaciones aprovecharon la oportunidad para plantear reivindicaciones de larga data en materia de derechos sociales y económicos, incluido el derecho a la tierra. Tal fue el caso de la campaña Stand for Her Land (“Defiende su tierra”), que reclama por el derecho de las mujeres a la tierra y por el fin de los prejuicios de género en su distribución. Casi 100 grupos de Etiopía, Senegal, Tanzania y Uganda, entre otros países, participaron en la campaña. Asimismo, en Túnez, las OSC aprovecharon el día para denunciar la privación del derecho a la herencia de las mujeres rurales y exigieron la revisión de la ley sobre violencia de género para incluir la violencia económica, puesto que la herencia debe ser reconocida como un derecho económico.

Los impactos claramente diferenciados por género del cambio climático, junto con la escasa representación de mujeres en los órganos de negociación en materia climática, también motivaron a muchas organizaciones, entre ellas a la red Extinction Rebellion, a plantear demandas climáticas en el DIM. En Edimburgo, Reino Unido, se llevaron a cabo una vigilia de 24 horas y una concentración por la justicia climática. Unas 50 mujeres se reunieron frente al Parlamento escocés para reclamar acción contra el cambio climático y denunciar los asesinatos de activistas ambientales.

Dado que el DIM es un momento privilegiado de visibilidad de las reivindicaciones feministas, cabría esperar que los actos públicos celebrados ese día ofrecieran una amplia miscelánea de demandas dispares, frustraciones y reivindicaciones desatendidas, acumuladas en completo desorden. Es por lo tanto notable la coherencia de las reivindicaciones feministas a nivel local, nacional y global, en tanto que respuesta directa a los diagnósticos de los problemas por parte de una sociedad civil activa en el territorio y profundamente conectada con las realidades cotidianas de las mujeres.

Esas reivindicaciones no se acallan una vez pasado el DIM. La lucha nunca se detiene, ni siquiera para aquellos -como el movimiento de mujeres colombiano- que este año salieron a celebrar una victoria enorme como lo fue la legalización del aborto, ya que la reacción antiderechos ya se ha puesto en marcha.

En los casos en los que las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres han conseguido avances parciales -como en Ecuador, donde la Asamblea Nacional acaba de aprobar una ley que autoriza el aborto en casos de violación-, las certezas no abundan y el retroceso es siempre una posibilidad. Las mujeres ecuatorianas permanecen en vilo ante la amenaza del presidente conservador de vetar la nueva ley. Otros movimientos de mujeres, como los de Polonia y Estados Unidos, están destinando todas sus energías a la lucha contra una feroz reacción que amenaza con provocar profundos retrocesos en materia de derechos.

Para este año, Mujeres Ahora para el Desarrollo decidió celebrar la solidaridad y la resistencia de las mujeres tras años de guerra y de pandemia.

MARIA AL ABDEH, Mujeres Ahora por el Desarrollo, Siria

La lucha continúa porque el movimiento por los derechos de las mujeres sabe que nunca debe bajar la guardia. Los grupos antiderechos siguen movilizándose y cada avance trae consigo nuevas reacciones. Las feministas deben seguir luchando y así lo harán. Nos corresponde a todos y todas apoyar su lucha, con la esperanza de que cada DIM futuro constituya una celebración de los derechos conquistados desde su edición anterior.

NUESTROS LLAMADOS A LA ACCIÓN

  • Los gobiernos deben involucrar a las mujeres y a sus organizaciones en los procesos de toma de decisiones en todos los ámbitos, desde las medidas para aliviar el impacto económico de la pandemia y combatir la violencia de género hasta los procesos de democratización y consolidación de la paz.
  • Los gobiernos deben escuchar a la sociedad civil y atender a sus conocimientos prácticos sobre el terreno para diseñar políticas eficaces para acabar con la violencia de género.
  • Las organizaciones de derechos de las mujeres deben practicar la interseccionalidad y responder a las necesidades de mujeres diversas<, al tiempo que forman amplias coaliciones de sociedad civil para resistir frente a la reacción antiderechos.
Nuestro agradecimiento a todas las entrevistadas cuyos aportes han alimentado este artículo: Bilkis Abouosba, Fundación Awam para el Desarrollo y la Cultura, Yemen; Maria Al Abdeh, Mujeres Ahora por el Desarrollo, Siria; Ghida Anani, ABAAD – Centro de Recursos para la Igualdad de Género, Líbano; Alyaa Al Ansari, Organización Bent Al-Rafedain, Irak; Cecilia Ananías Soto, Amaranta, Chile; Iliana Balabanova, Plataforma Búlgara del Lobby Europeo de Mujeres; equipo de Bold Voices, Reino Unido; Judith Goetz, Austria; equipo de la Fundación Helsinki para los Derechos Humanos, Polonia; Pamela Mateyo y Mwape Kapepula, WingEd Girls, Zambia; Margaret Mutsamvi, Proyecto de Justicia Económica para las Mujeres, Zimbabue; Farrah Naz, Alianza Mundial para la Mejora de la Nutrición, Pakistán; Hannah Steiner y Sophie Hansal, Red de Centros de Apoyo para Mujeres y Niñas de Austria; equipo de Plataforma Detendremos los Femicidios, Turquía. Todas las citas de las entrevistas son extractos editados. Las entrevistas completas están disponibles aquí.

Foto de portada de Gent Shkullaku/AFP vía Getty Images