La Asamblea General de la ONU reeligió a Volker Türk como Alto Comisionado para los Derechos Humanos, lo que lo convierte en la primera persona en ocupar el cargo durante dos mandatos desde que se creó, en 1993. Los 144 votos a favor representaron una victoria clara para los derechos humanos. Pero hubo 10 votos en contra, entre ellos el de Estados Unidos, 13 abstenciones y 26 ausencias. Esto muestra lo frágil que es un sistema que depende de que los Estados cooperen y aporten fondos. En un momento en que las grandes potencias atacan el sistema internacional, los países que votaron a favor del segundo mandato de Türk deben respaldar política y financieramente el trabajo de derechos humanos de la ONU.

El 24 de julio, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) reeligió a Volker Türk como Alto Comisionado para los Derechos Humanos por otros cuatro años. Solo 10 países, entre ellos Estados Unidos, Israel y Rusia, se opusieron a la decisión.

Türk es un abogado austriaco que hizo casi toda su carrera dentro del sistema de la ONU. Trabajó en el terreno en Kosovo, después en la agencia de la ONU para los refugiados y ahora en Ginebra. Por eso, cuando asumió el cargo en octubre de 2022, muchos temieron que fuera más cauteloso que sus predecesores. Sin embargo, no fue lo que pasó: Türk denunció violaciones cometidas por los poderosos. Criticó la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania, exigió que se investigaran las muertes en los centros de detención migratoria de Estados Unidos y condenó las atrocidades de Israel en Gaza. También recibió críticas por no calificar de genocidio a las atrocidades cometidas por Israel en Gaza y por no pronunciarse lo suficiente sobre China, especialmente en lo que respecta a la situación del pueblo uigur en Xinjiang.

Tras esta votación, Türk se convierte en la primera persona en ocupar el cargo durante dos mandatos completos desde que el puesto se creó en 1993. Mary Robinson, una de las primeras Altas Comisionadas, quiso quedarse, pero Estados Unidos se opuso con firmeza a sus posiciones sobre el intervencionismo militar estadounidense posterior al 11 de septiembre y sobre la Conferencia de Durban de 2001, la Conferencia Mundial de la ONU contra el Racismo, de la que Estados Unidos e Israel se retiraron porque se centró en el conflicto israelí-palestino. Robinson consiguió apenas una prórroga de un año.

En medio de la crisis de financiamiento que sigue asfixiando al sistema de derechos humanos de la ONU, la continuidad importa. Como parte de su ataque más amplio al sistema internacional en general y a los organismos de derechos humanos en particular, Estados Unidos dejó de financiar a las agencias de la ONU. Esto generó una fuerte presión financiera sobre la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) que tuvo que recortar personal y reducir su capacidad de trabajar en los países donde se cometen violaciones de derechos humanos. Una vacante o un proceso disputado habría sumado más desorden en un momento ya de por sí difícil.

Un proceso apresurado y controvertido

La votación fue inesperada y se desarrolló rápidamente. El secretario general de la ONU, António Guterres, les informó a los Estados su intención de renovar a Türk, sin proceso público, sin concurso abierto y sin mucho tiempo para deliberar. Como el segundo mandato de Guterres termina este año, la maniobra parecía buscar dos cosas: resolver el asunto antes de que llegara a manos de su sucesor y evitar que se organizara una oposición.

La mayoría de los países lo aceptó, pero Estados Unidos no. Pidió de inmediato postergar la votación alegando que no había habido consultas suficientes. Irlanda, en nombre de la Unión Europea, se opuso a la moción, que fue rechazada por 63 votos contra 27. El representante de Estados Unidos habló de “clásico amiguismo de la ONU”, acusó a Guterres de cerrar un acuerdo a puertas cerradas y advirtió que habría “consecuencias”. Rusia intentó una táctica diferente: propuso extender el mandato de Türk apenas 81 días, hasta fines de 2026, dejando la decisión en manos del próximo secretario general. Eso también fue rechazado, por 71 votos contra 19.

Argentina, Burkina Faso, Corea del Norte, Estados Unidos, Israel, Mali, Nicaragua, Níger, Rusia y Trinidad y Tobago votaron en contra de la reelección de Türk. La lista incluye a aliados cercanos de Estados Unidos, como Argentina e Israel, y a países alineados con Rusia, como Corea del Norte y los tres Estados del Sahel gobernados por militares, que cada vez actúan más como un bloque. Con Trump en el gobierno, ya no sorprende que Estados Unidos vote igual que Rusia. La mayoría de estos países, incluyendo a Nicaragua, viola sistemáticamente los derechos humanos. Tanto Rusia como Corea del Norte se niegan a rendir cuentas por cualquier violación. Estados Unidos, por su parte, se opuso especialmente a las críticas de Türk a su guerra contra Irán y a las muertes en los centros de detención de migrantes. Israel acusó al ACNUDH de haber “borrado las atrocidades del 7 de octubre y traicionado la neutralidad de la ONU”.

Sin embargo, algunos países de los que se esperaba que votaran en contra de Türk terminaron apoyándolo. Entre los 144 que respaldaron la reelección estuvieron la República Democrática del Congo, Sudán y Siria, todos bajo escrutinio activo de la ONU. Esto sugiere que la hostilidad hacia un mandato específico de derechos humanos no se traslada necesariamente a todo el sistema, y que incluso los países más vigilados pueden ver el valor de mantener una relación de trabajo con el ACNUDH.

La vulnerabilidad del sistema de derechos humanos

Las 13 abstenciones y las 26 ausencias también merecen atención. Algunas fueron por cuestiones de procedimiento: Ecuador y Paraguay dijeron después que querían más tiempo. Perú dijo que no quería limitar el margen del próximo secretario general. Pero su abstención tal vez responda a que Türk recientemente criticó su historial de derechos humanos, incluyendo las leyes que otorgan amnistía a las fuerzas de seguridad acusadas de violaciones graves durante el conflicto armado de 1980 a 2000.

También se abstuvieron Corea del Sur, Irak, Nueva Zelanda, Sri Lanka y Uganda. Nueva Zelanda describió su postura como “más de procedimiento que de política”, pero la decisión le valió fuertes críticas internas, sobre todo tras su reciente negativa a reconocer el Estado palestino.

Entre los países pequeños que evitaron tomar una decisión, es probable que algunos hayan recibido presiones económicas o políticas de las grandes potencias para quedarse callados, y que otros hayan calculado que no estaban lo bastante protegidos como para exponerse. Es decir, la votación mide el apoyo al Alto Comisionado, pero también revela cuán vulnerables se sienten muchos Estados. A medida que las grandes potencias imponen cada vez más su peso en el sistema internacional, los países pequeños van a tener que evaluar cuándo pueden darse el lujo de tomar una postura y cuándo deben quedarse callados.

La continuidad como resultado

El resultado inmediato es la continuidad institucional, y Türk ya dejó claro qué piensa hacer con ella. En un discurso de junio habló de una “ofensiva sin precedentes y descarada contra el derecho internacional” que está causando un sufrimiento humano atroz, insistió en que la comunidad internacional debe mantenerse enfocada en lo esencial y afirmó que la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados fundamentales son “cada vez más importantes”. Al G7, que se reunía en esas fechas, le mandó un mensaje directo: los derechos humanos tienen que estar en el centro de las discusiones, como una fuerza de estabilidad y no como un tema secundario.

Pero la legitimidad y la autoridad moral no pagan las cuentas del ACNUDH. Durante los próximos cuatro años, Türk tendrá que resistir a China, Estados Unidos y Rusia, que buscan debilitar a los organismos de la ONU que protegen los derechos humanos. Los 144 países que lo respaldaron cargan ahora con la responsabilidad de convertir sus votos en acciones. Tienen que asegurar que el ACNUDH cuente con financiamiento suficiente y buscar que se sumen los que se abstuvieron, sobre todo si lo hicieron por miedo. Deben demostrar que el compromiso colectivo con los derechos humanos todavía sirve para algo.

NUESTROS LLAMADOS A LA ACCIÓN

  • Los países que votaron a favor de la reelección de Türk deben apoyar financieramente a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.
  • El próximo secretario general de la ONU debe comprometerse a proteger la independencia del Alto Comisionado y la capacidad de la Oficina durante el segundo mandato de Türk.
  • La sociedad civil debe seguir presionando a Türk para que se pronuncie sobre los temas en los que se ha mantenido en silencio.

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Foto de portada de UN Photo/Loey Felipe