La Primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles, celebrada en Colombia en abril, tuvo lugar en un momento decisivo. La guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz han puesto de manifiesto la inseguridad que provoca la dependencia de los combustibles fósiles y han reforzado los argumentos a favor de una transición hacia las energías renovables. Cincuenta y siete Estados asistieron a la cumbre, diseñada para sortear el estancamiento de las negociaciones anuales de las Naciones Unidas sobre el clima, y se comprometieron a elaborar hojas de ruta nacionales para la transición y a reformar la financiación internacional. La cumbre demostró que es posible un enfoque más coordinado ante la crisis climática, en el que la sociedad civil, los líderes indígenas y los científicos desempeñen un rol central. Ahora el desafío es la implementación.

La guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y el consiguiente bloqueo del estrecho de Ormuz están provocando otra crisis del petróleo. Los precios de los combustibles se están disparando, el costo de vida vuelve a subir y la interrupción del suministro de fertilizantes agrícolas amenaza con una crisis alimentaria. La adicción mundial a los combustibles fósiles parece cada vez más temeraria.

En este contexto, 57 Estados se unieron y propusieron un camino a seguir. En la Primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles, organizada por Colombia en colaboración con los Países Bajos, acordaron desarrollar hojas de ruta nacionales para eliminar gradualmente la producción y el consumo de combustibles fósiles.

La conferencia, celebrada del 24 al 29 de abril en Santa Marta (Colombia), surgió de la frustración con las cumbres mundiales anuales en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, conocidas como conferencias de las partes (COP). La trigésima de estas conferencias se celebró en Brasil el pasado mes de noviembre y, una vez más, no resultó en ningún acuerdo político para poner fin al uso de los combustibles fósiles. El requisito de que las decisiones sean tomadas por consenso significa que Estados petroleros como Arabia Saudita pueden bloquear sistemáticamente todo avance y vaciar de significado toda referencia a los combustibles fósiles. Los Estados más ambiciosos se han visto obligados a crear este nuevo foro sobre la transición al margen del proceso de la COP.

Nuevos compromisos

A diferencia de las COP, la cumbre de Santa Marta se basó en la idea explícita de que el principal motor de la crisis climática es la extracción y el uso de combustibles fósiles, y que toda solución deberá basarse en su gradual eliminación. El compromiso principal fue desarrollar hojas de ruta nacionales para la eliminación gradual de los combustibles fósiles, reconociendo la necesidad de ir más allá de los planes de contribuciones determinadas a nivel nacional que cada Estado debe presentar como parte del proceso de las COP.

Los 57 Estados representados en Colombia generan más de la mitad del PIB mundial. Aproximadamente la mitad –entre ellos Angola, Brasil y Nigeria– produce combustibles fósiles, lo que significa que deberán demostrar cómo planean dejar de hacerlo.

Colombia tomó la iniciativa al presentar su borrador de hoja de ruta. Actualmente, el país obtiene alrededor de la mitad de sus ingresos por exportaciones de carbón, gas y petróleo, pero tiene previsto introducir energías renovables que, en última instancia, reportarán beneficios económicos netos al tiempo que aportarán ventajas a largo plazo para la salud y la seguridad. Su plan muestra que, si bien se necesita una inversión inicial para apoyar la transición, una economía de bajas emisiones es viable a largo plazo.

La reunión dejó claro que el sistema financiero debe cambiar para permitir la transición para abandonar los combustibles fósiles. Los incentivos financieros están actualmente desalineados. Los países del sur global se ven obligados a destinar gran parte de sus preciados ingresos en divisas al pago de intereses de la deuda internacional, lo que les deja con poco para invertir en la transición. Mientras tanto, las empresas de combustibles fósiles se benefician de los subsidios que les conceden muchos Estados. El Fondo Monetario Internacional estima que los llamados subsidios explícitos, es decir, los que implican desembolsos directos de los presupuestos de los Estados, ascendieron a 725.000 millones de dólares estadounidenses en 2024, mientras que los subsidios implícitos —es decir, los costos de los impactos ambientales y sociales que las empresas de combustibles fósiles no pagan— alcanzaron los 6,7 billones de dólares, el 5,8% del PIB mundial. Las empresas de combustibles fósiles también pueden recurrir a mecanismos legales que resuelven disputas entre los Estados y el sector privado para reclamar indemnizaciones cuando los Estados adoptan medidas para frenar la extracción, y desde 1998 han recibido más de 80.000 millones de dólares estadounidenses en ese concepto.

La guerra en Irán vuelve estos desafíos financieros aún más urgentes. Es casi seguro que la inflación empujará al alza los tipos de interés, lo que supondrá una presión adicional para los países del sur global, ya de por sí agobiados por una elevada deuda. Los costos adicionales que les impondrá el aumento de los precios podrían ascender a un total de un billón de dólares. Mientras tanto, la industria de los combustibles fósiles está obteniendo beneficios extraordinarios. Los beneficios de BP se han más que duplicado desde el inicio de la guerra. Las mayores empresas petroleras y gasísticas del mundo están en camino de obtener 234.000 millones de dólares adicionales para finales de año si la guerra en Irán continúa.

La reunión ofreció medidas concretas en este sentido: estableció un proceso para trabajar en la transformación del sistema financiero, lo que incluye encontrar soluciones al problema de la deuda e identificar los subsidios a los combustibles fósiles, los cuales podrían reorientarse para apoyar la transición.

Democracia climática

Las formas de trabajo de la cumbre también representaron una ruptura con las COP sobre el clima. Los científicos celebraron su propia reunión y, en términos generales, se fueron de Santa Marta con la sensación de haber sido escuchados y tomados en serio. La conferencia fue testigo del lanzamiento de una nueva iniciativa, el panel científico para la transición energética global. Se trata de un grupo de expertos científicos dispuestos a asesorar a todo gobierno que desee saber cómo reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Además de a científicos climáticos, incluye a economistas y especialistas en tecnología, reflejo de la necesidad de enfoques integrados para abordar la crisis climática.

La participación de la sociedad civil, incluida la de representantes indígenas, también fue mucho mayor que en las COP. La sociedad civil participó en debates de sesiones paralelas junto a ministros y científicos. Los grupos indígenas, defensores clave de zonas en riesgo por la extracción, aprovecharon la oportunidad para impulsar un nuevo enfoque para la extracción de minerales necesarios para la transición.

Una Cumbre de los Pueblos por un Futuro Libre de Combustibles Fósiles, organizada de forma independiente, reunió a más de 900 personas y emitió una declaración que establece una serie de principios para una transición justa centrada en los derechos humanos. Estos incluyen el uso sostenible y equitativo de los minerales de transición, la eliminación de las barreras financieras y fiscales a la transición del sur global y una mayor solidaridad y cooperación internacionales. La declaración insta a actuar para hacer frente a las barreras a la transición y reclama, entre otras cosas, la reforma de los procesos y estructuras de la COP.

La hora de la transición

El argumento de seguridad a favor de la transición nunca ha sido más claro. Unos pocos Estados petroleros poderosos y generalmente autocráticos, capturados de hecho por la industria de los combustibles fósiles, son los únicos que pueden beneficiarse de una crisis como la guerra en Irán. La mayoría de los Estados siempre serán vulnerables a las crisis del petróleo y, como demuestra la situación actual, una decisión imprudente de una superpotencia puede tener repercusiones para todos. Mientras Donald Trump busca el dominio energético para Estados Unidos, la soberanía energética reside en las energías renovables.

Los Estados deben extraer las lecciones correctas de esta crisis. Recurrir a medidas a corto plazo, tales como volver a quemar carbón o aumentar las importaciones de gas natural licuado, es una respuesta errónea a las subidas del precio del petróleo. La respuesta correcta es acelerar la transición hacia las energías renovables.

El cambio está en marcha. Las energías renovables proporcionan alrededor del 30% de la electricidad a nivel mundial. La inversión en electricidad renovable, que asciende a 2,4 billones de dólares, es más del doble de la inversión en combustibles fósiles. La guerra en Irán ha acelerado el ritmo del cambio. Corea del Sur ha anunciado una gran expansión de sus planes de energía solar. Las ventas de vehículos eléctricos en Europa han aumentado un 51% desde el inicio de la guerra, y la Unión Europea ha incrementado sus incentivos para la transición. Pero se necesita mucho más, y con mayor rapidez. Hay que abordar las barreras financieras que impiden a los países del sur global abandonar los combustibles fósiles.

También es esencial incorporar a más países a la coalición. Tal y como están las cosas, la nueva cumbre ejemplifica una tendencia creciente en la gobernanza global hacia el multilateralismo selectivo. Dado que los Estados más poderosos se niegan cada vez más a acatar las normas internacionales, resulta crecientemente difícil alcanzar un consenso sobre cuestiones urgentes que traspasan las fronteras. Los Estados que desean avanzar se ven obligados a forjar estructuras alternativas. Esto puede dar lugar a avances, pero conlleva el riesgo de dividir el mundo en dos grupos de Estados: los que siguen las reglas y los que optan por actuar de forma unilateral.

Los organizadores de la cumbre no invitaron a China, Estados Unidos, India ni Rusia, sobre la base de que no han mostrado suficiente voluntad de cooperar y cabría esperar que bloquearan los acuerdos. Bajo sus actuales líderes, no cabe esperar que Estados Unidos y Rusia actúen de buena fe, aunque China podría desempeñar un papel importante, ya que es tanto el mayor emisor actual de gases de efecto invernadero del mundo como el líder mundial en el desarrollo y la implementación de alternativas a los combustibles fósiles y en el suministro de la tecnología necesaria. Dado que el proceso iniciado por esta cumbre informará a futuras COP, se necesitarán aliados poderosos que puedan ganar influencia en esas negociaciones de alto nivel.

El desafío, a medida que el proceso evolucione, será incorporar a más Estados a la coalición, sin transigir en lo que debe ser una línea roja: el reconocimiento de la necesidad de poner fin al uso de combustibles fósiles. China, India y todos los demás deberán dejar claro su compromiso político con una transición rápida y con la superación del estancamiento financiero.

De cara al futuro

Las conversaciones de Colombia son un comienzo prometedor que ofrece un cambio estimulante respecto al estancamiento de las COP. Han demostrado que la democracia climática es posible. Ahora deben demostrar que este modelo conduce al progreso, de forma rápida y a gran escala. Los países deben implementar planes de transición ambiciosos. Para movilizar la inversión necesaria, también deben cambiar sus enfoques respecto a la deuda, redirigir los subsidios de los combustibles fósiles hacia la transición y alinear a los posibles inversores con las nuevas hojas de ruta nacionales.

Se avecinan desafíos en materia de liderazgo. Colombia está desempeñando un papel clave, pero eso podría cambiar con las elecciones de finales de este mes, en las que podría tomar el timón un candidato populista de extrema derecha decidido a aumentar la producción de petróleo. La situación política en los Países Bajos, hasta ahora colíder de este proceso, también es frágil. La extrema derecha ha formado parte de los últimos gobiernos y el actual gobierno de coalición acaba de anunciar un nuevo plan de perforación en el Mar del Norte.

Un aumento global del descontento económico ante la subida de los precios bien podría impulsar un nuevo repunte de la influencia de populistas y nacionalistas de derecha que venden soluciones simplistas y prometen lo que parece un cambio, mientras exigen invariablemente una mayor extracción de combustibles fósiles. Los políticos que quieran romper el yugo de la adicción mundial a los combustibles fósiles deberían aprender a responder más directamente a las preocupaciones económicas. Y para este nuevo proceso, debe haber líderes alternativos esperando entre bastidores para intervenir si los cambios de gobierno provocan retiradas de los Estados.

Los hitos cruciales serán la COP31, organizada por Turquía, y la próxima reunión de esta serie. Tuvalu —una de las naciones insulares de baja altitud que apenas han contribuido a la crisis climática, pero enfrentan sus consecuencias más graves— coorganizará la próxima reunión junto con Irlanda en 2027. El hecho de que una nación en riesgo de desaparecer del mapa sea la anfitriona de la cumbre nos recuerda lo que está en juego. La sociedad civil debe mantener este proceso en marcha.

NUESTROS LLAMADOS A LA ACCIÓN

  • La coalición de Estados comprometidos con la transición para abandonar los combustibles fósiles debe aumentar su número de miembros y liderar el proceso elaborando ambiciosas hojas de ruta nacionales para la transición.
  • Los Estados deben colaborar con la comunidad científica, la sociedad civil y los pueblos indígenas en la preparación y la implementación de los planes de transición.
  • Los Estados deben desbloquear la financiación necesaria para una transición global mediante la reestructuración de la deuda del sur global y el fin de los subsidios a los combustibles fósiles, redirigiendo los fondos hacia energías renovables.

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Foto de portada de Raúl Arboleda/AFP