CIVICUS conversa sobre la respuesta estatal a los terremotos del 24 de junio en Venezuela con voluntarios que participaron en las tareas de asistencia. Los entrevistados han pedido mantener el anonimato por temor a represalias.

Los dos sismos dejaron un saldo oficial de 6.125 muertos, 16.740 heridos y unas 24.000 personas sin hogar. La catástrofe se produjo en un país donde el cambio de liderazgo no ha supuesto un verdadero giro político. Tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro por parte del Gobierno de Estados Unidos en enero, el régimen se ha mantenido en el poder. Ante la tragedia, el Estado brilló por su ausencia y fueron los civiles quienes organizaron las labores de rescate y ayuda humanitaria.

¿Cómo respondió el Estado a los terremotos?

La respuesta del Estado fue nula y negligente. Las primeras 72 horas son clave para encontrar gente con vida bajo los escombros. En esas horas no estuvieron activas ni la Guardia Nacional ni la Policía Nacional Bolivariana, ni en la capital, Caracas, ni en La Guaira, el estado costero vecino que fue el más afectado.

Cuando aparecían, no era para ayudar: se quedaban parados, hablando o mirando el teléfono, y se llevaban la comida preparada para quienes sí estaban trabajando. Ni siquiera llamaron a los bomberos cuando un edificio se incendió; los llamamos nosotros, y ellos sí acudieron y ayudaron.

Tampoco llegaron los medios necesarios: la pluma, la grúa que mueve escombros pesados, apareció entre ocho y diez días después de los terremotos.

Lamentablemente, es a lo que estamos acostumbrados: sabemos que no podemos contar con el Estado y que, si hay que resolver algo, debemos hacerlo por nuestra cuenta. Sabíamos que nadie iba a venir; por eso empezamos a quitar escombros con nuestras manos.

Eso significó que ocurrieron muertes que se podrían haber evitado. Conocimos el caso de una familia de La Guaira –madre, padre y dos hijas de 13 y 18 años– atrapada bajo los escombros de su edificio. Los hermanos de la madre llegaron enseguida y movieron escombros durante siete horas. Lograron sacar primero a la madre, pero como le costaba respirar, la sentaron mientras seguían buscando al resto de la familia. Murió ahí mismo, porque la asistencia médica nunca llegó.

Este es solo un caso entre muchos. El sistema de salud ya estaba en crisis y los hospitales no dieron abasto: muchas personas murieron por falta de asistencia, medicamentos e insumos. Si en condiciones normales ya faltaban recursos, con una emergencia de esta escala la carencia fue total.

¿Cómo se usaron los recursos que llegaron?

La ayuda que finalmente llegó no siempre se destinó a rescatar personas. Supimos de un caso en que llegó una máquina pesada con funcionarios de ambos cuerpos: levantaron los escombros y sacaron una caja fuerte. Cuando los civiles les pidieron ayuda para seguir buscando a sus familiares, respondieron que estaban ocupados y se fueron a sacar otra caja fuerte, sabiendo que había personas vivas debajo.

Tampoco se guiaron por la urgencia. Los edificios que recibieron más atención fueron aquellos donde vivía gente con algún vínculo con el poder: funcionarios públicos, familiares de policías, gente cercana al gobierno.

¿Cómo trataron a los equipos voluntarios de rescate?

En emergencias como esta, Protección Civil debe dar instrucciones y planes de acción a los equipos voluntarios de rescate. Eso no ocurrió. El Grupo Andino de Rescate, una organización de voluntarios de Mérida, estaba listo para salir el mismo día del terremoto. Cuando contactaron a Protección Civil, les respondieron que se reunirían dos días después para determinar qué hacer.

La gente se estaba muriendo y las primeras horas eran vitales, así que el grupo actuó por su cuenta y pidió donaciones para conseguir las herramientas y el transporte que necesitaba. Cuando finalmente llegó a Caracas y empezó a buscar personas, todavía no había recibido respuesta de Protección Civil.

Con los equipos internacionales pasó algo similar. Encontramos al equipo de rescate brasileño; estaban perdidos porque en La Guaira no había conexión y no podían acceder a un mapa. Así nos enteramos de que tampoco tenían un plan asignado: iban a los edificios donde la gente pedía ayuda por redes sociales. Ni siquiera la policía, que estaba cerca y tenía una antena Starlink, los ayudó a orientarse; lo hicimos nosotros.

¿Qué obstáculos enfrenta quien intenta llevar ayuda?

El principal es la propia Guardia Nacional, que muchas veces nos impide llevar medicamentos y comida a la gente, y tampoco nos deja armar centros de acopio. Sabemos de casos en los que la Guardia Nacional llegó y se quedó con todos los insumos, alegando que quienes los habían reunido no tenían los permisos necesarios.

Después están los cierres de caminos. La Guardia Nacional cerró la vía principal entre Caracas y La Guaira, a sabiendas de la cantidad de gente que circulaba. Cuando preguntamos por qué, nos respondieron simplemente que eran “órdenes de arriba”, y no habilitaron ni un carril ni una vía alternativa. Esto pasa seguido: bajamos, queremos llegar a un lugar, y hay funcionarios que obstaculizan el camino y nos obligan a desviarnos, con lo que cada viaje se hace más lento.

El caso más claro fue el de una comunidad costera que quedó incomunicada porque los derrumbes bloquearon la vía de acceso. La gente allí no había perdido sus viviendas ni familiares, pero no le llegaban ni alimentos ni medicamentos. Coordinamos que salieran en lanchas hasta un punto accesible de La Guaira donde les entregaríamos la mercadería, pero ni siquiera eso nos dejaron hacer. La Guardia Nacional no permitió la entrega en el punto acordado y tuvimos que movernos a otro, más lejos, lo que demoró aún más la ayuda.

¿Qué le pasa a quien denuncia esto públicamente?

Si hablas en contra del gobierno, hay consecuencias. Aunque se hayan llevado a Maduro, los que quedaron en el poder son los mismos, y el terror psicológico sigue intacto: si estás en su contra, harán lo que sea para mantenerte en silencio.

El caso de Wilmer Antonio Cruz, conocido como El Topo de La Guaira, lo dejó claro. El Topo es un civil que ayudó a sacar con vida a decenas de personas atrapadas en edificios, pero cuando publicó un video en redes denunciando que la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana no estaban ayudando, se lo llevaron detenido. Salió a los dos días, gracias a la repercusión en redes, que generó presión por su liberación.

Lo mismo pasa con la prensa: buena parte de lo que se supo de esta emergencia lo documentaron periodistas extranjeros, porque los venezolanos que la cubren corren riesgo. Los desastres naturales no deberían politizarse, pero con una respuesta tan mala y una infraestructura tan débil, era inevitable que ocurriera.

CIVICUS entrevista a un amplio espectro de activistas, personas expertas y líderes de la sociedad civil para recabar diversas perspectivas sobre la acción de la sociedad civil y otros temas de actualidad, con el fin de publicarlas en su plataforma CIVICUS Lens. Las opiniones expresadas en las entrevistas son de las personas entrevistadas y no necesariamente reflejan las posiciones de CIVICUS. Su publicación no es una expresión de apoyo a los entrevistados ni a las organizaciones que representan.