CIVICUS conversa sobre las protestas en Costa Rica con Raúl Silesky, presidente de la Junta Directiva del Instituto de Prensa y Libertad de Expresión, una organización de la sociedad civil que defiende la libertad de expresión y el acceso a la información pública. 

El 6 de agosto, miles de personas se manifestaron en Costa Rica en defensa de la independencia judicial, en un contexto de reciente tensión entre los poderes del Estado por la demora en el nombramiento de magistrados suplentes de la Sala Constitucional y por recortes al presupuesto del Poder Judicial.

¿Qué provocó las protestas?

Desde antes de las protestas había una tensión creciente entre el Poder Ejecutivo, la Asamblea Legislativa y el Poder Judicial, agravada por el anuncio de un significativo recorte al financiamiento de este último.  

La protesta del 6 de agosto tuvo epicentro en la Plaza de la Democracia en la capital, San José, y se replicó en otras regiones del país. A la convocatoria se sumaron funcionarios de alto nivel, como el fiscal general y el jefe del Organismo de Investigación Judicial, además de un expresidente de la República. 

El detonante fue un conflicto de poderes en torno al nombramiento de magistrados suplentes de la Sala Constitucional. Había nueve plazas que permanecían vacantes desde diciembre, y la Asamblea Legislativa no lograba reunir los 38 votos necesarios para completar los nombramientos. Como esto podía afectar el funcionamiento de la Sala, esta decidió prorrogar temporalmente los nombramientos vencidos hasta que el Legislativo cumpla con su responsabilidad de aprobar los nuevos integrantes.

¿Cómo reaccionó el gobierno?

La respuesta del Ejecutivo fue política y confrontativa. La Presidencia calificó la decisión de la Sala de posible golpe de Estado y promovió una querella contra cuatro magistrados por presunto prevaricato, es decir, por el delito de dictar resoluciones a sabiendas de que son contrarias a derecho. 

Si bien el Ejecutivo puede discrepar de una sentencia y tiene derecho a recurrir a los mecanismos legales disponibles, en este caso muchos sectores interpretaron que sus acciones formaban parte de una narrativa más amplia de deslegitimación del Poder Judicial, consistente en presentar a los jueces como enemigos políticos, y advirtieron sobre el uso de recursos institucionales como instrumentos de presión. 

Para amplios sectores sociales, jurídicos y académicos, el conflicto dejó de ser una discusión técnica sobre nombramientos: pasó a centrarse en la preservación de la independencia judicial y la institucionalidad democrática.

¿Quiénes participaron y cómo se articularon?

La convocatoria por redes sociales y otros mecanismos de integración logró reunir sectores muy diversos porque se articuló alrededor de principios comunes, no de una plataforma partidaria. Los sindicatos del Poder Judicial se sumaron al plantón y, posteriormente, se unieron las universidades públicas, estudiantes, organizaciones sociales, colectivos ciudadanos, profesionales, personas jubiladas, familias y ciudadanos sin afiliación organizativa.  

Cada sector tenía sus propias motivaciones: los sindicatos se concentraban en temas laborales; las universidades, en la defensa de la educación superior; y los trabajadores judiciales, en la autonomía institucional. 

La convocatoria se difundió por redes sociales y otros canales, y trascendió las diferencias ideológicas y sectoriales. La movilización se construyó alrededor de principios comunes: la defensa de la democracia, la Constitución, el Estado de derecho, la independencia judicial y la separación de poderes.

¿Qué demanda la sociedad civil?

La demanda fundamental es que se respeten las reglas del juego democrático. 

En primer lugar, la sociedad civil demanda que la Asamblea Legislativa cumpla con su responsabilidad constitucional y resuelva los nombramientos pendientes. 

Segundo, exige que se respete la separación de poderes y, consecuentemente, la independencia judicial. Los poderes del Estado deben controlarse mutuamente, incluso cuando sus decisiones resulten incómodas para el gobierno de turno. Recortar el presupuesto del Poder Judicial afecta su capacidad de decisión. 

Finalmente, reclama canales efectivos de diálogo. Los conflictos y cambios institucionales deben procesarse mediante los mecanismos constitucionales, el debate público y la búsqueda de acuerdos, no mediante la descalificación o la presión política.

¿Qué riesgos corre la democracia costarricense?

El principal riesgo para la democracia es la normalización de una retórica que presente al Poder Judicial, la Contraloría General de la República, las universidades, la prensa u otras instituciones como enemigas cuando ejercen sus funciones de control. Las democracias no solo se deterioran mediante rupturas abruptas: la deslegitimación también erosiona uno de sus pilares fundamentales, la confianza ciudadana en las instituciones. 

Por eso, Costa Rica necesita más diálogo, más respeto y una ciudadanía dispuesta a defender, independientemente de quién gobierne, los principios que sostienen el Estado de derecho. La defensa de la democracia debe ser una causa común.

CIVICUS entrevista a un amplio espectro de activistas, personas expertas y líderes de la sociedad civil para recabar diversas perspectivas sobre la acción de la sociedad civil y otros temas de actualidad, con el fin de publicarlas en su plataforma CIVICUS Lens. Las opiniones expresadas en las entrevistas son de las personas entrevistadas y no necesariamente reflejan las posiciones de CIVICUS. Su publicación no es una expresión de apoyo a los entrevistados ni a las organizaciones que representan.